«El Aristótel dice que este mundo es pequeño y es el agua muy poca, y que fácilmente se puede pasar de España á las Indias, y esto confirma Avenruyz (Averrhoes) y le alega el cardenal Pedro de Aliaco, autorizando este decir y aquel de Séneca, el cual conforma con éstos, diciendo que Aristóteles pudo saber muchos secretos del mundo á causa de Alejandro Magno, y Séneca á causa de César Nero.» Mas ¿por qué inadvertencia pudo Séneca, autor tan grave y tan cuidadoso del estilo, escribir paucissimorum dierum spatio? He aquí una cuestión difícil de resolver. Recordando lo que precede en el prólogo de las Quæstiones naturales, se reconoce que Séneca ha querido presentar el ejemplo de una cortísima extensión. La tendencia moral característica del estóico ecléctico, que vivía en tiempos siniestros, explica por qué insiste en el contraste entre la pequeñez de esta tierra, «punctum[272] stud in quo bellatis, in quo regna disponitis», y la grandeza de los espacios interplanetarios, «sursum ingentia spatia sunt, in quorum possessionem animus admittitur». Cuando el hombre, espectador curioso del universo, ha contemplado el curso majestuoso de los astros y «esa región del cielo que ofrece á Saturno (velocissimo sideri) un camino de treinta años», al volver la vista hacia la tierra, desprecia la pequeñez de su estrecho domicilio. ¿Cuánto hay desde las últimas costas de España hasta la India? El espacio de muy pocos días, si el viento es favorable al barco.
Mr. Ruhkopf, en sus Adnotationes ad Quæst natur. (Sen. Op., t. V, pág. 11), sostiene que la India de Séneca son las islas Canarias, porque, según Ptolomeo, dice Ruhkopf, la India oriental se aproxima al África occidental (?), no estando separados ambos países por grande extensión de mar, ni, por consecuencia, muy alejadas las islas Canarias de la India. Difícil es coger el hilo de este razonamiento, y en la geografía de Ptolomeo no conozco absolutamente nada que justifique la supuesta aproximación entre la India y las Islas Afortunadas. La tierra desconocida, ligada á la Península de Catigara, se une «al cabo Prasum, al promontorio Rhapta y á la parte austral de Azania», y encerrando la cuenca del mar Erythreo, ninguna relación tiene con la costa occidental de la Libia. Ptolomeo habla tres veces de esta cuenca cerrada y de la existencia de esta tierra desconocida (lib. IV, cap. 9; lib. VII, caps. 3 y 5), siempre que menciona el mar de la India (lib. IV, capítulo 8; lib. VI, cap. 5; lib. VII, cap. 2) y no designa los límites.
Además, no hay prueba alguna de que la hipótesis de la escuela de Alejandría acerca de la contigüidad del África al Sur del cabo Prasum con Catigara sea de Hipparco, y, en general, anterior á Séneca, que vivió más de un siglo antes que Marino de Tyro y Ptolomeo. La explicación que del pasaje de Séneca da Mr. Ruhkopf es, por tanto, inadmisible, y debe creerse que el filósofo de la corte de Nerón presentaba á veces sus ideas algo exageradas, como frecuentemente apela á la hinchazón y al énfasis en la forma de expresarse.
Séneca, Medea, act. II, v. 371 et seq. Chorus in fine, página 281:
«Nil, qua fuerat sede, reliquit
Pervius orbis.
Indus gelidum potat Araxem:
Albim Persæ, Rhenumque bibunt.
Venient annis sæcula seris