[13] «Vide muchos árboles que tienen un ramito de una manera y otro de otra, y tan disforme, que es la mayor maravilla del mundo, verbigracia: un ramo tenía las fojas á manera de cañas y otros á manera de lentisco; y así un solo árbol de cinco ó seis maneras; ni éstos son enjeridos, porque se pueda decir que el enjerto lo hace, antes son por los montes, ni cura dellos esta gente» (Diario, 16 de Octubre de 1492). Nada pinta mejor el entretejido de las plantas parásitas como el cándido trabajo que emplea el observador para probar que la mezcla y la salvaje abundancia de las hojas y de las flores no son producto de injertos (Tableaux de la Nat., t. II, pág. 51).

[14] Probablemente el cuarto de los ocho vientos de la brújula ú 11º ¼.

[15] La descripción de Colón no designa el Fucus abies marina, Gmelin, que es una Cystoseira (Agardh). Á causa de la localidad, tiene que referirse al Fucus natans (Linneo), mientras en la descripción de Scylax de Caryande (Huds. Geogr. min., t. I, páginas 53 y 54) creo que claramente se trata del Fucus saculeatus (Linneo) ó Sporochnus aculeatus (Agardh), que es un fucus litoral. Los supuestos frutos de lentisco son las vejigas llenas de aire y de mucílago que contribuyen á que sobrenade el fucus.

[16] Este nombre de Leoa está escrito dos veces del mismo modo y otra tercera Lioa, en la carta de Colón. Sin duda es Sierra Leona, situada en la latitud de 8° 29′ 55ʺ. Don Fernando dice que su padre retrocedió desde el 5° de latitud, navegando hacia el NO. en el paralelo del 7°. En el trazado de los cuatro viajes de Colón hecho por el Sr. Moreno, los rumbos y las distancias le hacen fijar como el punto más austral del tercero el 8° de latitud.

[17] «La aguja noruesteaba desde prima noche media cuarta, y al amanecer, poco más de otra cuarta.» Estas palabras, de su hijo, no deben, sin embargo, hacer creer que Cristóbal Colón observó desde entonces los cambios de la variación horaria. Los medios que empleaba eran muy poco precisos para justificar esta conclusión.

[18] No ignoro que en gran número de obras muy estimadas (Tomás Young, Lect. on Nat. Phil., t. I, pág. 746; Hansteen, Magnet. der Erde, pág. 175) se cita una supuesta observación «de Pedro Adsiger», hecha en 1269, y de la cual habló Thévenot refiriéndose á un fragmento de carta que posee la biblioteca del Rey en París. Mi colega en el instituto M. Libri, que ha hecho un profundo estudio de la historia de las ciencias físicas, observa: 1.º, que hay error de nombre; la carta tiene la inscripción de: Epistola Petri Peregrini de Maricourt ad Sigermum de Foucoucourt (las palabras ad Sigermum han sido convertidas en Adsiger); 2.º, que el pasaje de la declinación magnética está intercalado y no se encuentra en el manuscrito de Leiden. No se debe, pues, atribuir la observación ni á Pedro Peregrini (Barlow, en las Trans. phil. de 1833, tomo II, pág. 670), ni á quien recibió la carta. Gilbert en su célebre Phisiologia de Magnete, 1633, lib. I, cap. I, asegura que en un tratado de Magnetismo terrestre fúndase Peregrini en las ideas de Roger Bacon.

[19] Livio Sanuto, Geografía distinta in XII libri ne quali otra l’esplicatione di molti luoghi di Tolomeo é della bussola e dell’Agugua, si dichiarano le provincie, popoli e costumi dell’ Africa (Venecia, 1588). El autor de este curioso libro supo por su amigo Guido Gianetto di Fano que Cabot había explicado en su presencia al rey de Inglaterra Eduardo VI (no se sabe en qué año) la variación de la aguja, y el meridiano en que señalaba el verdadero Norte (situaba la línea sin declinación á 110 millas italianas al Oeste de Flores). Guil. Gilbert, Phisiol. nova de Magnete, 1633, pág. 5. M. Biddle, autor de la sabia Memoir of Sebastian Cabot, publicada en 1831, dice acertadamente (cap. 26, páginas 177 y 180) que una nota puesta en el Mapamundi de Ptolomeo, añadido á la edición romana de 1508, nota según la cual «cerca de Terranova y de la isla Bacalaurus», la brújula no gobierna nec naves quæ ferrum tenent revertere valent, parece fundada en las ideas de Cabot relativas á la posición y á la proximidad del polo magnético boreal. Si se debiera conceder á Sebastián Cabot el mérito de haber observado la variación de la aguja antes que Colón, lo cual es imposible teniendo en cuenta la fecha del primer viaje del Almirante, este mérito no dataría del año 1549, como supone Fontenelle (Mem. de la Acad., 1712, pág. 18), sino ascendería al año de 1497, en que Cabot llegó antes que otro alguno á la tierra firme de la América septentrional.

El ingenioso historiador de la Academia reclama también á favor de un piloto de Dieppe, llamado Crignon, el haber indicado la declinación de la aguja el año 1534 en un manuscrito, que poseía el geógrafo Delisle. Pero estas reclamaciones no tienen valor alguno supuesto que con tanta precisión fija el Diario de Colón la fecha del 13 de Septiembre de 1492, correspondiente al día en que, por primera vez, se observó la declinación magnética. ¿Será acaso Crignon el piloto francés de Dieppe que vió pasar la línea sin declinación por las islas de Cabo Verde, y á quien cita Miguel Coignet en una obra notabilísima impresa en Amberes en 1581 con el título de Instruction nouvelle des points plus excellens et necessaires de l’art de navigues, cap. 3, página 12?

[20] Esta brújula acuática de los chinos, semejante al pez imantado de los antiguos pilotos indios y al lagarto de los birmanes, la emplearon también los marinos franceses en tiempo de San Luis, y de aquí proviene acaso el nombre de calamita ó rana verde dado á la aguja imantada, denominación que se encuentra en Plinio, XXX, 42, pero aplicada al reptil llamado rubeta.

[21] Según las observaciones magnéticas hechas en Pekín por M. Kovanko en la casa magnética que á ruego mío ha hecho construir el Emperador de Rusia en la capital de la China, la declinación era de nuevo en 1831 de 2° 3′ hacia el Oeste (Kupfer, en los Anales de Poggendorf, 1835, núm. 1, pág. 54). El padre Amiot, en los años de 1780-1782, veía ya oscilar la declinación magnética en Pekín de 2° á 4° ½ hacia el Oeste (Mémoires concernant les Chinois, vol. IX, pág. 2; vol. X, pág. 142); pero en un espacio de 670 años la línea sin declinación puede haber pasado muchas veces por Pekín. La propiedad directriz de la aguja imantada, es decir, la propiedad de colocarse en un plano que sólo forme determinado ángulo con el meridiano del sitio, fué conocida en China 1.100 años antes de Jesucristo. El historiador Szumathsian, cuyo Szuki, ó Memorias históricas, fué escrito en la primera mitad del siglo II de nuestra era, dice que el emperador Tchhingwang regaló en el año 1100 antes de nuestra Era, á los embajadores del Tonkín y de Cochinchina, que temían no encontrar su camino, cinco carros magnéticos (tchinankiu), carros que indican el Sur por medio del brazo móvil de una figurita cubierta con traje de plumas. Á estos carros se añadía un hodometro, es decir, otra figurilla que daba golpes en un tambor ó una campana cuando el carro había recorrido uno ó dos li. El célebre diccionario Chuenen, que terminó su autor Hiutchin en tiempo de la dinastía de los Han, año 121 de Jesucristo, describe la manera de recibir una aguja la propiedad de indicar la dirección del Sur por el imán. También conocían los chinos que el calor disminuye esta fuerza directriz. En tiempo de la dinastía de los Tsin, y por tanto en el siglo iii de nuestra era, gobernaban los chinos sus barcos con arreglo á las indicaciones magnéticas. En el Tchinlafungthuki, ó descripción del país de Cambodja, obra publicada recientemente en París, pero escrita en 1297 en el reinado del Khan Timur, las rutas ó direcciones de la navegación están siempre indicadas con arreglo á los rumbos de la brújula.