El uso de la aguja imantada lo introdujeron en Europa los árabes, como lo prueban las denominaciones de zohron y aphron (Sur y Norte), dadas en el Speculum naturale de Vicente de Beauvais á los dos polos del imán. (El Libro de las piedras, que los árabes atribuyeron á Aristóteles y cita Alberto el Grande «como prueba del uso del imán en la marina», es apócrifo y acaso de la misma época que el tratado árabe de las piedras de Teïfachi y Beilak Kiptchaki.) Los primeros que en Europa hablaron de la brújula, pero en el sentido de ser su uso conocido, como instrumento necesario á los marinos, fueron Guyot de Provins en un poema político satírico titulado La Biblia, compuesto en 1190, y el obispo de Ptolemaïs, Jacobo de Vitry, en su Descripción de Palestina, escrita entre 1204 y 1215.
La prueba que ha querido M. Hansteen deducir del Landnamebok para suponer que los noruegos usaron la brújula en el siglo XI, queda anulada por las investigaciones de M. Kämtz (Klapr., páginas 41, 45, 50, 66, 90 y 97).
Las obras del célebre mallorquín Raimundo Lulio (por ejemplo, su tratado De contemplatione, escrito en 1272, cap. CXXIX, § 19, y cap. CCXCI, § 17) y el texto de antiguas leyes españolas prueban que á mediados del siglo XIII los marinos catalanes y vascos usaban comunmente la brújula (Capmany, Cuestiones críticas, 1807, Cuestión 2.ª, pág. 38; y Comercio antiguo de Barcelona, t. III, páginas 72-74).
En el desarrollo progresivo de los conocimientos sobre el imán, preciso es distinguir: 1.º, la observación de los fenómenos simples de atracción ó de repulsión; 2.º, la dirección de una aguja móvil como efecto del magnetismo terrestre; 3.º, la variación ó la observación de la diferencia entre el meridiano magnético y el meridiano del sitio en que se opera; 4.º, el cambio de variación en diferentes sitios de la tierra; 5.º, los cambios de variación horaria; 6.º, la observación de la inclinación y de la intensidad magnética.
[22] Podía añadirse, según creo, desde nuestra salida de Guadalupe.
[23] Así dice la edición de Barcia; el sentido exige acaso nordesteaban, como, al parecer, prueba el fragmento de la carta de 1498 antes publicado. Colón dice allí claramente: «Antes de pasar la raya de 100 leguas al Occidente de los Azores, por consecuencia entre esta banda y España, las agujas (fasta entonces) nordesteaban.»
[24] Biddle, Mem. of Seb. Cabot, pág. 222. No se sabe con exactitud ni el año de la muerte ni el sitio de la sepultura de este gran marino, «que dió á su patria casi un continente, y sin el cual acaso no se hablara la lengua inglesa en América por tantos millones de habitantes».
[25] Mem. de la Acad., 1712, pág. 19.
[26] Tractatus sive Physiologia nova de Magnete, magneticis corporibus et magno Magnete tellure, ed. Wolfg. Lochmans; Sedini, 1633 (la primera edición es de 1600), lib. IV, capítulo IX, pág. 164.
[27] L.c., lib. V, cap. VIII, pág. 195. Este empleo de la inclinación, que Gilbert llama siempre (lib. V, capítulos I-XII) declinatio magnetica, y cuya existencia negaron D. Pedro de Medina (Arte de navegar, Sevilla, 1545, páginas 212-221) y Sanuto (Geographia, lib. I, pág. 6), es tanto más notable, cuanto que la brújula de inclinación no la inventó Roberto Normann hasta 1576. La posición del ecuador magnético, en el cual la inclinación es nula, no la conoció Gilbert, quien, como Hauy, llama polo Sur á la punta de la aguja que se dirige hacia el polo Norte (lib. I, cap. IV, pág. 16). Creía que el ecuador magnético coincide con el ecuador terrestre (lib. V, cap. I, pág. 182).