[28] Al volver de mi viaje á América he demostrado cómo la inclinación puede indicar en el Mar de Sur, en las brumosas costas del Perú, la latitud con precisión bastante para las necesidades del pilotaje. Véase la Memoria que, en unión de M. Biot, publiqué sobre las variaciones del magnetismo terrestre en diferentes latitudes, en el Journal de Physique, t. LIX, páginas 448-450.
[29] Hay cuatro causas de error: la de la estima de la dirección del barco, la de la observación magnética y la de los instrumentos y efemérides, tan imperfectos. En el texto me he atenido á las longitudes determinadas por Moreno y Navarrete en el trazado de los viajes de Colón. Según este trazado, lejos de encontrar el Almirante, como pretende, el 13 de Septiembre de 1492 la línea sin declinación á 100 leguas de distancia del meridiano de Corvo y de Flores, no llegó á esas 100 leguas hasta el 17 ó 18 de Septiembre. Además, la situación del barco en 21 de Mayo de 1496 debió ser, según las investigaciones del Sr. Moreno acerca de los rumbos de Colón, no al Oeste del meridiano de Flores, sino en el meridiano de la isla de Pico. Los puntos de estima del Almirante, visto el impulso de las corrientes hacia el Sureste, debían estar delante de sus verdaderas posiciones. No puede esperarse conseguir mucha precisión en resultados que dependen de tantos datos inciertos (del rumbo, de la distancia recorrida, de la desviación que producen las corrientes, de la lentitud del cambio de la declinación magnética, etc.); pero hay una circunstancia que, al parecer, autoriza á dar una posición más occidental á la línea sin declinación en 1492 y 1496. Colón insiste muchas veces en el hecho físico de la coincidencia de esta línea con el borde del Mar de Sargazo, es decir, con la gran banda de fucus que se extiende casi de Norte á Sur entre los 22° y 41° de latitud. «Cuando las agujas comienzan á dirigirse al NO., dice, comienzo á entrar en las yerbas» (la zona de fucus). Ahora bien; es indudable que el límite oriental de los fucus está al Oeste de Corvo, por encima de los 44° de latitud, y que generalmente se mantiene entre los 37° ¼ y 40° de longitud, esto es, á 80 ó 140 leguas marinas de distancia al Oeste de Corvo.
[30] Untersuch. über den Magnetismus der Erde, 1819. Atlas, tab. I. En la Geografía física del P. Acosta (su Historia natural de las Indias merece bien este nombre) hay una prueba también convincente de la dirección de la línea sin declinación de las Azores del NE. al SO. Acosta (lib. I, cap. XVII, pág. 64) dice que en su tiempo, 1589, se encuentra la variación hacia el Oeste cuando, desde el meridiano de Corvo, se va á más altura (en latitud), y que la variación es más oriental cuando se baja de latitud, aproximándose al ecuador en el mismo meridiano.
[31] He dado numerosos ejemplos de estos cambios por la comparación de mis propias observaciones de inclinación, hechas en épocas lejanas unas de otras, en Poggendorf, Journ. der Physik, 1829, t. XV, páginas 321-327. Véase también una excelente Memoria de Mr. Hansteen sobre la traslación de la curva sin declinación en el Oeste de Siberia, de 1769 á 1829, de Este á Oeste desde Orsk á Uralsk, y sobre las variaciones seculares de la inclinación, en Poggend., t. XXI, páginas 414-430 y tab. V.
[32] Cuando me encontraba en la costa de Paria y en las tierras costeadas por los barcos de Colón en 1498, creí durante algún tiempo que el cabo designado por Colón con el nombre de Punta de la Aguja (Navarrete, t. I, pág. 250), como sucede con la Punta de las Agujas en la extremidad meridional de África era un antiguo punto sin variación magnética. Pero la Punta de la Aguja de Colón es el cabo que los españoles llaman hoy la Punta de Alcatraces, y está, por tanto, 3° 25′ al Este de la curva sin declinación que con Colón hemos fijado, para el año de 1498, á los 68° 15′ en el paralelo de 12° 45′.
[33] Creyendo Gilbert (Tractat. de Magnete, 1633, páginas 42, 98, 152 y 155) que la forma de las curvas de variación dependía también de la configuración de los continentes y de la interposición de valles oceánicos profundísimos, admitía necesariamente la fijeza de las curvas, y hacía pasar en 1600 la línea de declinación por el mismo sitio donde la encontró Colón en 1492 (Variatio uniuscujusque loci constans est). Búrlase de los polos magnéticos de Frascatoro, el célebre contemporáneo de Colón (Rejicienda est vulgaris opinio de montibus magneticis aut rupe aliqua magnetica aut polo phantastico á polo mundi distante. Magnus magnes ipse est terrestris globus). Las agujas, en su opinión, se dirigen hacia las regiones donde aparece sobre el nivel del agua mayor cantidad de masa sólida y donde la superficie del núcleo terrestre (cor terræ, inæqualitas globi magnetici sub continentibus et in marium profunditate) se acerca más á la capa exterior.
[34] Es verdaderamente notable que en los archivos de Simancas haya una Bula de concesión de las Indias de 3 de Mayo de 1493 (quinto Nonas Maias), encontrada por mi ilustre amigo Muñoz, y semejante á la de 4 de Mayo (quarto Nonas Maias), conservada en los archivas de Sevilla (Muñoz, Historia del Nuevo Mundo, lib. IV, § 29; Navarrete, Docum. diplomático, t. II, páginas 23-35), con algunas diferencias que apuntaré aquí. En la de 3 de Mayo nada se dice de la línea de demarcación designada en la bula del día siguiente; únicamente expresa que se hace donación á perpetuidad de las islas y tierra firme recientemente descubiertas per dilectum filium Christophorum Colon á los Reyes de Castilla y de León, y que estos reyes poseerán dichas tierras con los mismos privilegios y derechos que los Papas habían concedido (en 1438 y 1459, desde el cabo Bojador hasta las Indias orientales, según Barros, Déc. I, libro I, capítulos 8 al 15) á los Reyes de Portugal.
Las dos bulas de 3 y 4 de Mayo son literalmente iguales en su primera mitad hasta las palabras «ac de Apostolicæ Potestatis plenitudine omnes et singulas terras et insulas præedictas et per Nuntios vestros repertas per mare ubi hactenus navigatum non fuerat, per partes occidentales, ut dicitur, versus Indiam.....» Después de este párrafo se inserta en la bula de 4 de Mayo la cláusula de que España poseerá «omnes insulas et terras firmas inventas et inveniendas, detectas et detegendas versus occidentem et meridiem, fabricando et constituendo unam lineam á polo artico ad polum antarcticum quæ linea distet á qualibet insularum quæ vulgariter nuncupantur de los Azores et cabo Verde centum leucis versus occidentem et meridiem». Preciso es convenir en que esta determinación á qualibet insularum es muy vaga, tratándose de dos archipiélagos que ocupan gran extensión en longitud.
La extraña frase, muchas veces repetida, versus occidentem et meridiem, se explica por la Capitulación de la partición del Mar Océano, ajustada, por influencia de la Santa Sede, en 7 de Junio de 1494, durante el segundo viaje de Colón, la cual fija la línea de demarcación «por términos de vientos y grados de Norte á Sur».
En otro sitio de este documento se dice «que el Rey de Portugal debe poseer cuanto está al Este ó al Norte ó al Sur de la raya». Es un circunloquio que debiera haberse sustituído con la frase «al Este del meridiano, en cualquier paralelo».