[38] De Bahraïn ha podido hacer Colón Bahrin, Ahrin. Es la Arados de Ptolomeo (VI, 7), que este geógrafo sitúa efectivamente á 91° 40′ de longitud de su primer meridiano; por tanto casi á mitad del paralelo de Cattigara y del cabo Sagrado. Colón añade «isla Arin, que es debajo la línea equinocial entre el sino Arábico y aquel de Persia, y el círculo pasa sobre el cabo de San Vicente en Portugal por el Poniente, y pasa en Oriente por Cangara y por las Seras.» Sin embargo, también pudo aludir Colón á una idea sistemática de los geógrafos árabes; á un pasaje de Abulfeda que dice: «que el país de Lanka (Ceylán), donde está situada la Cúpula de la tierra ó Aryn, encuéntrase bajo el Ecuador, en medio, de las dos extremidades, oriental y occidental, del mundo» (Sedillot, Traité des Instruments astr. des Arabes, t. II, Prefacio). Aryn significa en árabe el punto medio, el justo medio (Silvestre de Sacy, Not. et Extraits des Manuscrits de la Bibl. du Roi, t. X, pág. 39). Abul-Hasan-Ali, de Marruecos, cuenta un poco confusamente sus longitudes, comenzando por un meridiano 90° al O. de Aryn (Sedillot, t. I, páginas 312-318).
[39] Navarrete, t. I, páginas 9 y 18. Colón predijo que el trigo y la viña podrían dar en Haïti abundantes cosechas como en Andalucía y en Sicilia. Véanse las notas entregadas en 1464 á Antonio Torres (Navarrete, t. I, página 229).
[40] Más allá del Ecuador, en la parte austral del Océano Atlántico, obsérvase una oposición climatérica semejante al NE. y SO. de las islas de Martín Vaz (lat. 20° 27′ S.) y Trinidad (latitud 20° 21′ S.): este cambio súbito en el estado del cielo y de la atmósfera, ha hecho considerar la isla de Trinidad como una columna oceánica elevada por la naturaleza para marcar el límite de dos zonas diferentes. Duperrey, Hydr. du voyage de la Coquille, 1829, pág. 68.
[41] De igual modo que los marinos ingleses distinguían en sus descripciones entre fresh weed, weed much decayed, sorprendió á Colón encontrar á veces reunidos ramos de yerba muy vieja y otra muy fresca, que traía como fruta. (Cree que los apéndices globulosos y pediculados son fruto del fucus.) Otro día anota que la hierba venía del E. al O., por el contrario de lo que solía (Navarrete, t. I, pág. 16). Describe los crustáceos (esquilas) que anidan en el fucus acumulado: un cangrejo vivo lo guardó el Almirante. Se admira de ver parajes sin hierba en medio de un mar que parecía coagulado (la mar cuajada de yerbas, l.c., páginas 10 y 12), y como naturalista observador distingue las distintas especies de fucus, los del Mar de Sargazo y los que son comunes alrededor de las islas Azores. «Vieron yerba de otra manera que la pasada, de la que hay mucha en las islas de los Azores; después se vido de la pasada.» (Diario, en 7 de Febrero de 1493.) Acerca de la frecuencia del fucus sobre los escollos próximos á las Azores, véase Manoel Pimentel, Arte de navegar, Lisboa, 1712, pág. 310.
[42] Investigation on the Currents of the Atlantic Ocean, 1832, pág. 70.
[43] Las pruebas de las afirmaciones que aquí hago han sido desarrolladas en una Memoria sobre las corrientes en general y sobre el contraste que ofrece en particular una corriente de agua fría del Mar del Sur, con la corriente de agua caliente del Gulf Stream, que presenté á la Academia de Berlín el 27 de Junio de 1833.
[44] Esta distinción, hecha por mí en la Rélation historique, tomo I, pág. 202, la adoptó y siguió Mr. Rennell (Inv., página 184).
[45] De igual modo en los vastos matorrales del Noroeste de Europa están mezclados con la Erica (Calluna) vulgaris, las Erica tetralix, Erica ciliaris y Erica cinerea. Las Ericetas de Europa del Sur presentan la asociación de la Ericeta arborea y la Ericeta scoparia. En otra obra he descrito la gran variedad de gramíneas que se advierte en los Llanos y los Pajonales de las planicies y mesetas de los trópicos que los indígenas americanos llaman poéticamente mares de yerba y que aparentan una monotonía engañosa.
[46] Acerca del mare herbidum, véase Pedro Mártir de Anghiera, Occeánica, Déc. III, lib. IV, pág. 53. Colón expresa su opinión favorable á la adherencia primitiva del fucus á los escollos próximos, desde el primer día que entra en el Mar de Sargazo. He aquí sus palabras, consignadas por Las Casas en el extracto del Diario: «Aquí comenzaron á ver manadas (acaso manchas) de yerba muy verde que poco había, segun le parecía, que se había desapegado de tierra, por lo cual todos juzgaban que estaban cerca de alguna isla.» El Almirante imaginó que en la parte del Océano donde se acumula el fucus es el agua menos salada (Navarrete, t. I, pág. 10); hecho refutado por las experiencias directas que el astrónomo de la expedición, de Krusenstern (Reise um die Welt, t. III, pág. 153), ha hecho del peso específico del agua en el Mar de Sargazo. La salazón aumenta bajo la capa de fucus flotante, porque esta capa, por la analogía con las observaciones que yo he hecho en aguas cubiertas de confervas y de lemna, aumenta la temperatura del agua del Océano en la superficie.
[47] Esta opinión ha sido emitida por Thunberg, pero sin prueba alguna tomada de la fisiología vegetal. Un botánico muy sagaz, Mr. Meyen, insiste en la notable analogía de los fucus con las algas de agua dulce, muchas de las cuales jamás tienen frutos y están desprovistas de raíces, de modo que sólo se desarrollan y multiplican por medio de nuevas ramas.