Estos bancos de fucus están situados al N. hacía Ierné:
Hæc inter undas multa cespitem jacit,
Eamque late gens Hibernorum colit.
Theofrasto distingue muy bien el fucus del litoral del fucus de alta mar. Aristóteles, en las Meteorológicas, insiste en la ausencia del viento, idea sistemática muy generalizada y verdaderamente extraña tratándose de un mar tan frecuentemente agitado como lo es el que media entre Gades y las Islas Afortunadas, de una región que no es por cierto el golfo de las Damas de los pilotos castellanos. He aquí lo que el Stagirita añade después de haber disertado acerca de la relación que supone existir entre la dirección de las corrientes y el declive del fondo del mar: τὰ δ’ ἔξω στηλῶν βραχέα μὲν διὰ τὸν πηλόν, ἄπνοα δ’ ἐστὶν ὡς ἔν κοίλῳ θαλάττης οὔσης. El poeta orphico (Argonaut., V, 1.107, edic. Lips., 1818), al cantar los trabajos de los Argonautas que, llegados á las regiones del Norte, viéronse precisados á arrastrar el buque Argos con cuerdas, añade que un aire impetuoso no levanta allí más que su aliento un mar privado de vientos de tempestad; que la ola, último límite del imperio de Thetys, es muda bajo el helado carro de la Osa. «Las razas hiperbóreas llaman (v. 1.085) á estas aguas el Mar Muerto» (Voy., t. I, pág. 196 y siguientes). La astucia de los fenicios, el deseo de un pueblo comercial de apartar á sus rivales de toda navegación más allá de las Columnas, ¿fueron acaso los motivos de propagar estas ilusiones de la falta absoluta de tempestades? ¿O la calma que reina en las regiones boreales durante las grandes nieblas (el pulmón marino de Pytheas, Strabón, II, pág. 104 Cas.), y la idea que los obstáculos que el fucus opone al movimiento de las olas influyeron en las creencias populares? Rutilio (Itinerar., lib. I, v. 537, Poët. lat. min., volumen IV, pág. 151) describe «las algas que ante el puerto de Pisa amortiguaban las olas», y Avieno (Ora marit., v. 406) extiende este fenómeno á todo el Atlántico:
Plerumque porro tenue tenditur salum,
Ut vix arenas subjacentes occulat,
Exuperat autem gurgitem fucus frequens,
Atque impeditur æstur hic uligine.
Marinos que casi siempre andaban costeando debían dar grande importancia á cuanto tiene relación con el fucus. Mister Ideler, hijo, cita en su sabio comentario á las Meteorológicas (t. I, pág. 505) un pasaje de Jornandes (Muratori, Rerum Ital. Script., t. I, pág. 191) casi enteramente inadvertido hasta ahora (Bekmann, in Arist. Mirab. ausc., pág 307) y que revela la filiación de ideas de la antigüedad y de la Edad Media, de que hablo con frecuencia en mis investigaciones. «Oceani vero intransmeabiles ulteriores fines non solum non describere quis aggressus est, verum etiam nec cuiquam licuit transfretare; quia resistente ulva ei ventorum spiramine quiescente, impermeabiles esse sentiantur et nulli cogniti, nisi soli ei qui eos constituit.»
La abundancia de fucus y escollos, y la ausencia de viento, son los tres aspectos que caractarizan en todas las descripciones del Océano Atlántico, el Mar Tenebroso de los árabes.