[57] La etimología de la palabra portuguesa sargaço (sarguaço de Acosta, Aromatum liber. Antw., 1593, pág. 311) ha sido intentada de diversos modos. Mr. Rennell (Inv. on Curr., pág. 72) interpreta esta palabra, apoyándose en la autoridad de una memoria inserta en el Nautical Magazine, 1832, pág. 175, por uva de mar ó uva de los trópicos, llamada así á causa de las vejigas globulosas pedunculadas, que comparaba Colón al fruto del lentisco. Las palabras Sarga y Uva sargacinha, poco conocidas de los mismos portugueses, designan sin duda variedad de uva; pero el gran Diccionario de la lengua portuguesa, publicado en Lisboa en 1818 por tres literatos portugueses, las define: racimo pequeño de bayas de sargaço. La planta marina, como acertadamente observa el Vizconde de Santarem, es la que ha dado el nombre á la uva, y no ésta la que ha hecho llamar al fucus sargaço. Es probable que esta última palabra, por permutación de las letras r y l, permutación tan común, sobre todo en el Algarve, patria de los más hábiles marinos del siglo XV, se refiere á salgar (salar), salgado (salado) y á sagadeira (planta del litoral, un Portulacca ó un Halimus). Por la influencia que ejerció en el arte náutico y en el lenguaje de los marinos de la Europa austral la navegación de los árabes, llamóme hace tiempo la atención la asonancia de Gium Alhacise, golfo de Yerbas, en la Geografía de Edrisi, pág. 22. Alhachich (de hechicheh) significa yerbas y alhas pudiera muy bien haber formado saglas (salgazzo), (Ramusio, t. III, página 67). Pero la etimología puramente portuguesa es, al parecer, preferible. También Juan de Sousa, en sus curiosas investigaciones sobre las palabras árabes introducidas en la lengua portuguesa (Vestigios de lingua arabica em Portugal, 1789), ninguna mención hace de sargaço. No es preciso buscar tan lejos lo que se encuentra más naturalmente en la Europa latina. De igual modo acabo de reconocer en el antiguo nombre de las islas Antillas, Islas Camerçanes, del religioso carmelita Maurilo, la palabra española comarca, siendo preciso leer islas comarcanas, es decir, que son vecinas á la tierra firme, que confinan con ella. La traducción del pasaje de Gregorio Boncio por Philipón, religioso de la Orden de San Benito, lo prueba claramente. «Insulæ Cannibalium quas modo Antillias, sive Camericanas vocant, et de quibus Gregorius Boncius ait: Tiene América muchas islas comarcanas, la de Paria, Cuba y Española..... hoc est, habet América insulas adjacentes quam plurimas, ut Paríanam insulam, Cubam.....» (Honorius Philiponus, Ordinis Sancti Benedicti monachus, Nova typis transacta, Navigatio Novi Orbis Indiæ Occidentalis, 1621, pág. 33). Las «Islas Comarçanas, situadas en la comarca de la Tierra firme», han sido cambiadas poco á poco en Camerçanes y en Camericanes. El mismo Maurilo de San Miguel (Viaje, pág. 391), dice: «Islas Camerçanes, llamadas otras veces Antillas.»
[58] Fidallah, Fedel, entre Sallea y el cabo Blanco, á los 33° y 50′, á distancia de sesenta leguas marinas, en línea recta, de Gades, distancia que el periplo de Scylax valúa en menos de doce días de viaje. La localidad de Fedala es la mejor descrita en Tuckey, Marit. Geogr., t. II, pág. 499.
[59] Pedro Mártir, Oceánica, Déc. I, lib. VI, pág. 16, y Déc. III, lib. IV, pág. 55.
[60] El marino Juan Barbot, observador atento, se expresa del siguiente modo: «Cuarenta ó sesenta leguas al Occidente del cabo Blanco de África, y aun á veinticinco leguas de distancia, vimos el sargazo flotante en el Océano tan profundo que se ignora dónde estuvo arraigado. El sargazo se acumula de tal manera, que es preciso un tiempo fresco para atravesarlo; tanta es su resistencia» (Description of the coast of Guinea, formando el último volumen de la colección Churchill, edición de 1732, pág. 538). Esta descripción se halla conforme con las observaciones de Mandelsloe (Harris, Collection of Voyages, 1764, t. I, pág. 805), que discute seriamente la cuestión de saber si el fucus flotante puede venir de las islas Antillas, á pesar de la constancia de los vientos de NE.
[61] Avieno (Poetæ, lat. min., t. V, P. III, pág. 1187, edición Wernsd) tenía á la vista, como lo dice él mismo (Ora mar., v. 412), periplos púnicos. Hablando del viaje que hizo Himilcón durante cuatro meses hacia el N. y el NO., dice:
Sic nulla late flabra propellunt ratem,
Sic segnis humor æquoris pigri stupet
Adjicit et illud, plurimum inter gurgites,
Exstare fucum, et sæpe virgulti vice
Retinere puppim.