»—Haciéndolo así durante el día no veo la razón para que no lo podamos hacer de igual modo por la noche—me contestó con candidez admirable.
»—Sí—repuse algo confuso;—pero de día...
»—¿Qué diferencia hay?—preguntó.
»—Una muy grande—repliqué sonriendo a pesar mío.
»—¿No te quejabas estos días atrás de que en nuestro viaje sería molesta para nosotros la presencia de mi padre? Al decir eso bien tendrías el propósito de que viajásemos solos los dos día y noche...
»—Sí; pero contaba con que estuviéramos ya casados para entonces.
»—Ya sé que las casadas gozan ciertos privilegios negados a las solteras, ¡como si al casarse quedase una niña alocada convertida ipso facto en mujer juiciosa!... Pero, ¿no nos hemos desposado? ¿No es público y notorio que nuestro casamiento se celebrará muy pronto? ¿No estaríamos ya casados a estas horas si yo no hubiese caído enferma de gravedad?
»No era fácil responder a estas preguntas. Ella prosiguió con más ahinco al ver que yo callaba:
»—¿Irás a negármelo? ¿Serás capaz de darme un chasco como ése la víspera de tu marcha, cuando tienes que decirme tantas cosas y hacerme tantas promesas? ¡Si supieras qué triste voy a quedar después que tú te vayas! ¿Qué menos puedes hacer que dejarme al partir el recuerdo de esas palabras tiernas y cariñosas que me hacen tan dichosa pronunciándolas tus labios?
»No pude resistir más, y juzgando que mi posición era ya ridícula y mi rigor impertinente me juré velar por los dos y le prometí acudir al jardín así que diesen las once.