»—Sí; pero el camino es largo de aquí a Ville d'Avray.
»Nosotros ya no escuchábamos al jardinero. Habíamos comenzado a hacer nuestra cosecha de flores y sólo nos preocupábamos de cobrar un buen botín en aquel saqueo que debió dejar arruinadas a mariposas y abejas.
»A cada instante volvíamos la cabeza para preguntar al jardinero:
»—¿Puedo cortar ésta?
»—Sí.
»—¿Y ésta?
»—También.
»—¿Y esta otra?
»—También; y lo mismo las demás.
»Estábamos trastornados de alegría. En poco rato reunimos no dos ramos, sino dos gavillas de flores.