—Y yo le repito a usted que como ello fuese verdad me juzgaría tan orgulloso que se lo haría saber a todo el mundo, y lo publicaría a gritos...
—¡Cómo! ¿Te atreves a decir?...
—La verdad.
—¿Se atreve usted a afirmar que Antoñita le ama?
—Me atrevo a decir que ha hecho buena acogida a mis pretensiones y que ayer mismo...
—¡Acaba!
—Me autorizó para pedir su mano al doctor Avrigny.
—¡No es verdad!—exclamó Amaury.
—¿Cómo que no es verdad? ¿Usted se fija en que es un categórico mentís el que acaba de darme?
—Ya lo creo.