—Tengan la bondad, señores, de dejarme hablar sólo unos minutos con los señores de Auvray y de Leoville.
Alberto y el procurador se inclinaron, alejándose a una discreta distancia para que se quedaran solos los tres.
—¿Cómo así, señores?—dijo el de Mengis a los jóvenes.—¿Por qué han llevado acabo ese duelo? Usted no me prometió esto, Amaury. Le ruego que me diga el motivo que le indujo a tener ese encuentro con Felipe, faltando a su palabra.
—Felipe comprometió a Antoñita, y por eso me bato con él.
—Y usted, Felipe, ¿por qué causa se batió con su amigo?
—Porque Amaury me ha ofendido gravemente.
—Repito que usted estaba comprometiendo a Antoñita, y por eso le he insultado. El propio señor conde me advirtió que...
—Dispénseme, señor Auvray, le suplico me deje decirle dos palabras a Amaury.
—¿Y bien, señor conde?...
—No se aleje usted mucho; tengo que hablarle también.