Por su accion sobre los capilares de las estremidades, el carbon disputa al centeno cornezuelo su indicacion, por la hinchazon lívida de los dedos de los piés, y por los éstasis asténicos de la sangre; tambien se la disputa al causticum, porque las estancaciones de este tienen un carácter seroso, mientras que las del carbon son venosas. Por esta razon, su accion electiva sobre la sangre es mucho mas especial, ya porque obra directamente sobre este líquido, modificando su vitalidad en un sentido opuesto á la accion descomponente del causticum, ya porque modifica la hematosis por la asfixia lenta que determina.

Bajo todos estos aspectos, el carbon es eminentemente asténico; es el opuesto al acónito en su accion sobre el sistema sanguíneo, y á la nuez vómica sobre el sistema nervioso. Acaso se le ha recomendado en el tratamiento de las fiebres pútridas y adinámicas, porque su accion sobre los centros nerviosos es indirecta; pero está mas racionalmente indicado en la postracion y la adinamia procedentes de un estado asfítico; asimismo está indicado en la timpanitis y en el desarrollo de gases producido por el decaimiento de la inervacion, y tambien en los calambres y las convulsiones, cuando son el resultado del adormecimiento é insensibilidad de la fibra, bien diferentes de los calambres y convulsiones activas. La accion curativa del carbon corrobora estas apreciaciones, porque amortigua la actividad orgánica y la sensibilidad, empezando por la circulacion.

El carbon, por su accion dinámica, es un medicamento nuevo, y el doctor Belloc es el primero, despues de Hahnemann, que ha hecho de él una aplicacion terapéutica en afecciones dinámicas.

Sin embargo los efectos tan poderosos y tan estensos de este medicamento se circunscriben de tal modo por la imperfeccion de la preparacion, que su utilidad es muchas veces problemática, sin contar con que lo vago de sus indicaciones acarrea á los prácticos reveses que les desalientan para proseguir esta medicacion en circunstancias en que los mismos enfermos la tolerarian sin gran repugnancia.

§ III.—Efectos fisiológicos y terapéuticos.

A. Afecciones agudas, cólera.—Los fenómenos febriles del carbon no pueden interpretarse ni en el sentido de una reaccion legítima, ni el de la ataxia, pues llevan en sí el carácter de la astenia. El frio y el enfriamiento son largos y penosos; sobrevienen despues del sudor, hay digitaciones y azulamiento de los dedos de las manos con sed ardiente. Esta sed desaparece á medida que el calor se manifiesta; los accesos ó exacerbaciones tienen lugar por la tarde, y solo en esta época, ó en momentos dados, el calor se hace general y aun urente, pero con abatimiento estraordinario de las fuerzas musculares, con somnolencia, atontamiento, sudores como colicuativos que no alivian por lo general y que se presentan con preferencia por la noche.

Por regla general, esta fiebre se desarrolla á espensas de un estado caquéctico con tumefaccion del tejido celular subcutáneo, piel sin elasticidad, é inercia de la vida vegetativa. En el calor de la fiebre, la cara se pone vultuosa, el moral recobra la energía que solo tiene durante el calor, y los dolores quemantes que el enfermo siente en lo mas profundo de los miembros, dan lugar á un bienestar, y con mas frecuencia á una incomodidad general.

La fiebre tiene la remitencia de las fiebres hécticas en general. Sus caractéres son: grande postracion, sudores frios, timpanitis ó flatuosidades abundantes, estancacion de los vasos capilares con azulamiento de la piel por placas como jaspeadas, insensibilidad ó debilidad del pulso que se estingue poco á poco. Esta es la tendencia fatal, á no ser que la fiebre se prolongue bajo la forma adinámica de las fiebres graves que no conducen á crísis y que parecen perpetuarse por el aniquilamiento de las fuerzas.

El carbon difiere en estos casos del arsénico por la falta del subdelirium. Si el enfermo está sin conocimiento, es mas bien por falta de vitalidad; sucede igualmente que las congestiones pasivas suspenden la inervacion é imposibilitan el ejercicio de las facultades. Los autores le atribuyen una accion particular sobre la sangre por la cual deja de ser coagulable y no estimula los órganos. En este grado del estado tifoídeo, adinámico ó de postracion, es en el que la sangre se hace impropia para la escitacion vital, y en el que se observa la resolucion de las fuerzas musculares, la adipsia, la sequedad de la lengua, la respiracion débil, lenta, pero tranquila, el aliento frio, la insensibilidad casi absoluta, las hemorragias pasivas, el olor cadavérico, las petequias, los equímosis, los sudores viscosos y frios, el decúbito dorsal, el pulso casi nulo y el aspecto ciánico de la piel por la cesacion de la circulacion capilar; en este caso, repetimos, es cuando el carbon puede todavía prestar un auxilio casi maravilloso, y compararse, en su accion terapéutica, con los ácidos minerales, tales como el hidroclórico y el fosfórico, á los que es muchas veces superior, porque aquellos presentan, en sus últimos períodos del estado febril, un pulso frecuente, aunque débil, un calor vivo al esterior, con frio al interior y subsultus tendinum. El método terapéutico que recurre al éter, al espíritu de nitro y al almizcle, en un estado que, como el que acabamos de señalar, es de indicacion del carbon por el método de la semejanza y de la analogía, no da los mismos resultados. Es por lo tanto discutible si se debe rechazar en principio el uso de los estimulantes difusivos en algunos casos, cuestion que no nos determinamos á resolver.

EL carbon desplega su mas admirable eficacia en el cólera asiático, cuando ha llegado al período álgido, cianítico y asfítico; cuando el pulso se va estinguiendo, que la respiracion se hace cada vez mas rara, y cuando la piel azulada y aun negruzca está marchita, fria, sin vitalidad. Tiene casi iguales indicaciones que el arsénico, pero no corresponde tanto como el último á la sensacion de quemazon en el epigastrio, sensacion tan notable en esta cruel enfermedad. Se puede á veces alternar con buenos resultados los dos medicamentos en estos estados casi desesperados, y con tanta frecuencia aliviados maravillosamente por ellos. No cansarémos á nuestros lectores en discutir teórica y estadísticamente este punto de práctica, resuelto ya por muchos médicos alemanes, ingleses y franceses, en sus obras especiales.