La accion de causticum en los órganos génito-urinarios es asténica y nerviosa; las orinas, frecuentes y abundantes, se aumentan hasta la incontinencia por el dia y por la noche; la irritacion pasiva de las mucosas despierta deseos venéreos sin ereccion, la eyaculacion de un esperma no elaborado, pérdidas seminales, y en la mujer repugnancia al cóito. Se observa en el hombre un flujo de licor prostático despues de las deposiciones, sensacion de ardor quemante al orinar, úlceras y prurito en el prepucio y en el glande, y una secrecion abundante sebácea alrededor de este.

En atencion á lo espuesto, se le ha prescrito con ventaja en la incontinencia de orina de los viejos y de personas debilitadas, en la dismenorrea y en las menstruaciones retardadas, en las irritaciones de los órganos genitales con impotencia ó debilidad, en el prurito de la vagina, del glande, del ano, con ó sin exudacion; en el histerismo asociado á síntomas paralíticos ó á una astenia nerviosa de las membranas sinoviales articulares, y en algunos infartos glandulares indolentes.

§ VI.—Efectos fisiológicos y terapéuticos en el sistema cutáneo.

Los hechos clínicos dan cada dia mas importancia al hecho general de los vírus hereditarios ó adquiridos con sus variadas formas en los diversos tejidos y en las distintas épocas de su evolucion. Que el herpe en su forma primitiva, ó mas bien en su período primario, afecte la superficie cutánea, lo general es que los individuos que le padecen gozan de buena salud; pero que abandone el herpe esta superficie, que se estienda á las membranas mucosas, que se fije sobre cualquier punto de su estensa superficie, y se verá que inmediatamente se altera la salud y sufre ataques de una gravedad relativa, ó por lo menos de grande tenacidad y rebeldía. ¿No puede el herpe, en ciertos indivíduos dotados de disposiciones dadas, atacar la profundidad del organismo, fijarse en las membranas serosas, en el neurilema, en las meninges, en el periostio? ¿No puede atacar las vísceras, el parénquima de los huesos, la médula espinal, etc?

Há ya medio siglo que muchos médicos lo han observado, y de cuantos en nuestros dias se han dedicado á su estudio con mas entusiasmo, preciso es reconocer que el profesor Trousseau merece la preferencia. Al hablar de este asunto, nos hemos propuesto determinar mejor la esfera de accion del causticum en las enfermedades de la piel, y esplicar cómo este medicamento, que es uno de los principales antipsóricos, tiene el privilegio de estender su accion terapéutica hasta los tejidos afectados por el herpe en sus períodos secundario y terciario.

Así pues, cuando el causticum ni alivia ni cura, ignoramos si existe un desórden funcional ú orgánico, procedente del retroceso de una erupcion crónica de la piel con neuro-astenia. Es, por lo tanto, una de sus especialidades en el tratamiento de los reumatismos crónicos, de las convulsiones y de la corea, de las parálisis de un lado del cuerpo y de la cara, de los tics dolorosos, de las hemicráneas, de las oftalmías antiguas, de los corizas, de las laringitis, de las vaginitis, de las otitis, de las estomatitis, de las gastralgias, de los estreñimientos y diarreas interminables, del asma y de las afecciones del corazon, el que estas enfermedades procedan de uno de esos vicios que no indicamos, de un herpe si se quiere, que ha llegado al período secundario ó terciario; es decir, que habiendo abandonado total ó parcialmente su sitio original, la piel, se ha fijado en los tejidos mucosos, serosos, musculares, fibrosos, óseos.

Es, pues, en personas herpéticas y afectadas profundamente y por mucho tiempo de esta diátesis, en las que obra con preferencia el causticum por su accion electiva sobre la piel. La afeccion de esta superficie, sumamente modificada, alterada en su vitalidad, en su tejido, en sus funciones, basta para esplicar una multitud de afecciones internas, ya se presenten bajo la forma de neuralgias, de neurosis, de irritaciones mucosas, ó ya se desarrollen con estremada lentitud, empobreciendo la sangre ó disminuyendo la energía vital y la actividad nutritiva. Un violento prurito, parcial ó general, que no se limita á la piel, sino que ataca á las mucosas que están en contacto con ella; la piel amarilla y arrugada; las erupciones miliares y urticarias; las aftas, las ulceraciones, las erosiones en las mucosas y la piel; los dartros pruritosos, que generalmente son húmedos, exudantes, las vesículas ó el prurito, que se trasforma en dolor de escozor ó corrosion; los dolores escoriantes y quemantes en las mucosas, hé aquí los efectos del causticum, á los que es necesario agregar el endolorimiento de los callos y clavos, y de las várices, el desarrollo de verrugas y de inflamaciones limitadas á las estremidades de los dedos de los piés y de las manos.

La clínica ha estendido el valor de estos síntomas, porque se ha curado con el causticum, así como con la sal marina y el subcarbonato de potasa, afecciones liquenoides, y porque se le ha usado con éxito en el pénfigo y los efélides, como el arsénico y el petróleo. Con el causticum, y algunas veces con el oro, la staphisagria, el azufre y el ácido fosfórico, se han curado chancros corrosivos, de carácter sifilítico ó mercurial, cuando el mercurio no ha podido triunfar ó que habia contribuido á cambiar la forma primitiva.

No se han tratado afecciones procedentes de una sarna mal curada ó degenerada sin que se haya empleado el causticum, no obstante el uso del azufre, la sepia, la clematida y otros medicamentos. Estas afecciones entran naturalmente, ya por sí mismas, ya por los efectos generales que determinan, en la esfera de accion del causticum.

El intertrigo, ó sea una especie de eritema que se sitúa en las articulaciones, cede al causticum ó á grafito..... Los casos mas simples y que no se refieren tan particularmente á una afeccion antigua, tienen suficiente con la manzanilla, la ignacia y el mercurio. El causticum con el subcarbonato de potasa, el carbon vegetal y el centeno cornezuelo, es el mejor medicamento en los sabañones, las tumefacciones lívidas, y las hinchazones venosas asténicas de los dedos de los piés y de las manos.