Conveniente es observar que el calor interno se estiende rápidamente á la superficie siguiendo los gruesos troncos arteriales y las partes mas vasculares. El pecho y cabeza no tardan en ponerse ardorosos y aun verse amenazados de congestiones peligrosas. A medida que la accion espansiva se regulariza, los fenómenos locales se disipan, ó mas bien todo el sistema vascular capilar se congestiona uniformemente, y la tension de la fibra se apodera de la turgencia sanguínea. Los síntomas varian poco en los primeros instantes de una congestion inflamatoria sobre una víscera ú órgano cualquiera, pero ofrecen particularidades cada vez mas perceptibles á medida que el órgano se afecta, hasta que la flegmasía se desarrolla con todo el acompañamiento de síntomas.

Esta regularidad en el desenvolvimiento de los síntomas febriles del acónito es tal, que la enfermedad aguda que se separa notablemente de ella, no corresponde á este medicamento. El acónito, ha dicho Hartmann, se dirige perfectamente á los síntomas nerviosos que despiertan el consensus del sistema arterial y le dominan en el estado normal. En este sentido, el acónito resuelve los espasmos como la fiebre: febris solvit spasmos. Sin embargo la influencia del sistema nervioso continúa haciéndose sentir en el carácter activo de los fenómenos y en un estado de tension de la fibra, tanto mas marcada, cuanto mas próxima se la observa á la época del estado espasmódico primitivo. Esta tension es la que, al parecer, tiene como comprimidos los conductos de la periferia. Ningun medicamento, escepto la brionia en algunas ocasiones, es mas propio que el acónito para provocar y apresurar el que estalle. Su uso en semejante caso, es seguido de un sudor que alivia y que es con frecuencia el precursor de un sueño reparador; sudor bien diferente del que se ha observado en algunos envenenamientos por el acónito, y que es debido, mas que á su accion armonizadora, á los esfuerzos eliminadores de la economía.

La flojedad subsiguiente al uso de este medicamento es tanto mas pronta y útil, cuanto mas próximo se halla el enfermo á la edad adulta, en la que la organizacion goza de la plenitud de la vida y de toda la energía del sistema sanguíneo. La vida en el niño es ciertamente mas espansiva, pero se dirige lo mismo á la cabeza que á la piel; en el viejo, los movimientos vitales se dirigen al interior, á los órganos secretorios, y sus condiciones patológicas son opuestas á las del niño. Esto esplica el por qué la misma fiebre que con solo acónito se puede curar en el adolescente y el adulto, se ha de ayudar su accion con belladona, manzanilla ó café, en el niño segun el grado de predominio nervioso, ó reemplazarle por la nuez vómica y el arsénico en los viejos.

Creemos haber dicho lo bastante para que el lector aprecie la utilidad del acónito en las rápidas indicaciones siguientes.

El acónito es el medicamento mas importante de las afecciones inflamatorias, esténicas, y de los órganos mas dotados de sangre arterial; aquellos en que domina la fibra muscular son del dominio de árnica, y se modifican especialmente por la pulsatila, si abunda la sangre venosa, y así sucesivamente para otros casos segun el carácter particular de cada medicamento en su propiedad pirética y flogística.

La plétora simple por esceso de hematosis no es, como se ha dicho, propia del acónito. Es necesario para que este medicamento sea útil, que la plétora sea irritativa, arterial, mas bien por esceso de oxigenacion de la sangre en el pulmon, que por esceso de quilificacion: esta plétora del acónito afecta mas especialmente el pulmon izquierdo y el corazon; su efecto es casi nulo en el esceso de la hematosis, porque estiende su accion igualmente á la sanguificacion que á la vida vegetativa. La plétora general con movimientos tumultuosos del corazon, congestion caliente de los capilares y una especie de seudo-adinamia, no corresponde al acónito. Este es uno de los casos raros en que es conveniente la sangría depletiva, con la condicion de que se emplearán inmediatamente despues los medios higiénicos y terapéuticos capaces de prevenir este insidioso estado y de oponerse á la costumbre tan fatal de las sangrías.

Aparte de todo, la plétora es el efecto de una diátesis, en la que la primera es el síntoma general ó local de un estado morboso, de una afeccion especial. Las manifestaciones, ya de sangre, ya de bilis, ya de linfa, equivalen á un estado morboso con predominio de bilis, de linfa, de sangre. La lanceta no prueba mas la verdad de la poliemia, que el purgante la de la policolia. No se debe atener el médico al efecto, sino remontarse á su orígen, á la discrasia; pues si algunas veces, volvemos á decirlo, se necesita la sangría por la urgencia de los síntomas, preciso es no perder de vista que solo es un medio de llegar á los que combaten la disposicion discrásica y dinámica del organismo.

El acónito no es en general análogo de las fiebres y flegmasías mas que en sus prodromos y en el estado de simple agudeza ó de formacion de las congestiones activas. Deja de estar indicado desde que la congestion se ha localizado y que se prepara un trabajo de trasudacion, de hepatizacion, una alteracion cualquiera de los líquidos ó sólidos. Es sin embargo cierto, que este medicamento goza algunas veces en el período agudo de una facultad abortiva disipando la congestion antes que se desenvuelva una lesion.

Las congestiones activas recientes, ó en vía de formacion, se manifiestan por los síntomas generales nerviosos, espasmódicos, y sanguíneos de la reaccion, por la tension de la fibra, por la alteracion del órgano afecto y la laxitud, por el calor exagerado de la parte, por la tumefaccion, por los dolores tensivos y dislacerantes, frecuentemente acompañados de palpitaciones y ansiedad. Tales son tambien los síntomas correspondientes al acónito, salvas algunas escepciones favorables á las personas muy nerviosas é impresionables. En estas personas, por pequeña que sea la irritacion, y aun por poco estendida que esté á la membrana mucosa, da lugar á síntomas generales en los que el sistema nervioso juega el principal papel: como laxitud, dolores agudos, calosfríos, espasmos; el acónito no deja de estar indicado en ellos, aunque la afeccion local no tenga grande importancia por sí misma.

El éstasis sanguíneo en un órgano flogoseado no está en relacion terapéutica con el acónito; porque unas veces el entorpecimiento nervioso existe por esceso ó por debilidad de la vitalidad, en cuyo caso los medicamentos indicados son: arsénico, opio, centeno cornezuelo; en otras, es por la irritabilidad de la fibra, la cual reclama árnica; en otras, en fin, los tejidos se alteran, se forma un nuevo producto, y segun las circunstancias, pueden estar indicados la brionia, el azufre ó el fósforo.