Los síntomas de parálisis que se hallan entre los efectos del acónito, proceden de varios casos de envenenamiento, que admitimos y mencionamos desde este momento, aunque sus análogos sobrevengan en un estado agudísimo ó crónico, porque entran en su esfera de accion como efectos de congestiones activas en los centros nerviosos. La esperimentacion en el hombre sano solo contiene los rudimentos tales como prurito con adormecimiento, sensacion de pesadez, convulsion, calambres.

No sucede lo mismo con los vómitos. Estos síntomas del acónito pertenecen todos á hechos tóxicos, y no podemos ver en ellos mas que esfuerzos eliminadores ocasionados por fuertes dósis. Reconocemos que el espasmo del estómago se eleve algunas veces hasta el vómito en el estado prodrómico, y que este mismo fenómeno se produzca por otra causa, la congestion por ejemplo, sobre el estómago, en los períodos prodrómico y agudo. Acaso sea necesario referir á esta categoría de síntomas la sensacion de frio en el estómago, mientras que la ansiedad, la opresion, la angustia, el pulso pequeño y contraido, aunque debidos á intoxicaciones, pertenecen á la accion dinámica del acónito por sus congestiones y su accion sobre el corazon.

En los niños dominan los fenómenos convulsivos en el período prodrómico de las fiebres: este estado de eretismo espasmódico existe tambien en las personas muy nerviosas, aunque en estas hay menos regularidad en el desarrollo de los síntomas; en casos de esta especie es en los que el acónito cura afecciones para las que la manzanilla ha sido ineficaz, aunque este medicamento eminentemente nervioso parezca estar mejor indicado. En las personas muy linfáticas y de constitucion floja, el acónito tiene menos accion y desenvuelve menos síntomas nerviosos.

La grande utilidad de este medicamento está en las enfermedades febriles de la infancia en la que el sistema nervioso nunca está completamente dominado por el sanguíneo; en esa edad de la vida vegetativa que precede á la del sistema arterial. El acónito está tanto menos indicado en el viejo, cuanto mas predomina el sistema venoso y con él los síntomas de una descomposicion incesante é irreparable. Entre estas dos épocas de la vida, hay una, en la que la circulacion arterial goza de toda su plenitud de accion desde la pubertad hasta la edad madura. En la pubertad sobre todo, esperimenta el organismo la necesidad de una sangre mas rica y mejor oxigenada: el pulmon se hace el centro de una grande actividad, ó de una formal indicacion del acónito en casos dados, hasta el momento de la edad madura en la que la actividad vital pasa al aparato digestivo.

En todo este período floreciente de la vida, el sistema nervioso mejor arreglado por una hematosis mas perfecta, se sostiene con menos turbulencia en los límites de una marcha regular hácia la solucion de la enfermedad; á los síntomas prodrómicos suceden los fenómenos febriles. El aparato cérebro-espinal, que es el primero que sale del entorpecimiento, es el último que entra en la calma de una accion tan poderosa y reguladora como conveniente á las últimas evoluciones de la vida vegetativa.

Pero prescindiendo de todas estas consideraciones, el acónito es uno de los mas poderosos agentes de curacion en un gran número de enfermedades agudas durante su período de concentracion y espasmo, en aquel período en que el sistema nervioso es el único que parece está en accion, y es tambien el mejor medio abortivo de ese mismo período, y por consiguiente, preventivo de los siguientes. La designacion de estas enfermedades la harémos en el párrafo siguiente. Agreguemos, que si el acónito no se opone siempre á su desarrollo, contribuye al menos á regularizar su marcha, y que es útil para prevenirlas y para prevenir hasta esas fiebres temibles cuyos prodromos se adaptan á sus síntomas y tienen su punto de partida en los centros; esto es seguramente lo que la esperiencia ha debido enseñar á todo médico familiarizado con el uso de este medicamento.

Las impresiones morales violentas en fin, como la cólera y el espanto, entran en su esfera de accion, porque siendo su efecto el de operar una concentracion sobre el cerebro ó el corazón, el alma se reacciona por un movimiento de indignacion, de venganza ó de valerosa resistencia. A falta de esta resistencia, el opio reclama la curacion.

Una congestion pasiva con estupor y estancacion sanguínea que proceda de otra causa, no es del recurso de acónito. La apoplejía misma no halla en él un agente curativo, cuando árnica solo es preferible en sus prodromos frecuentemente despreciados, desapercibidos ó muy rápidos; pero vuelve el acónito á tener lugar en el tratamiento, cuando habiéndose vencido con otros medios la congestion, el corazon toma su influencia activa; en este caso, árnica ó algun otro modificador mejor apropiado, debe asociársele generalmente.

2.º Estado agudo.—El estado agudo de una fiebre francamente inflamatoria escluye el predominio de los fenómenos nerviosos que caracterizan los prodromos. Desde el momento en que el estado espasmódico primordial termina sus calosfríos, el árbol arterial entra en accion simpática, y la participacion del corazon resume la afeccion, domina la escena.

Despues de mas ó menos tiempo de duracion de los calosfríos, las bocanadas de calor que salen al esterior se hacen mas frecuentes, se presenta la cefalalgia, se pronuncian mas algunos síntomas gástricos, desaparecen los dolores erráticos, se calienta la piel, la rubicundez reemplaza á la palidez, y las horripilaciones y la incomodidad dan lugar á una sensacion de bienestar y de calor halituoso, á veces ardiente, pero menos intenso que lo que por su fuerza se pudiera creer.