El sistema glandular tampoco parece afectado por la alúmina, á no ser que se le atribuya una ligera amigdalitis, y que algunos fenómenos abdominales induzcan á creer en la infartacion de las glándulas mesentéricas; los gánglios linfáticos, en fin, no ofrecen alteracion alguna. No sucede lo mismo con el sistema cutáneo, en el que se presentan miliares lentas, nodosidades, tuberosidades indolentes, vesículas, rágades, dartros hasta crustáceos, con prurito, hormigueo, rubicundez oscura en las mejillas y punta de la nariz.
La mayor parte de las lesiones cutáneas son exudantes y húmedas. La piel además tiene disposicion á inflamarse y supurar, sobre todo en las estremidades, resultando con frecuencia úlceras atónicas muy rebeldes. Se desarrollan tambien erosiones de un rojo oscuro en las membranas mucosas esteriores, en la entrada de la vagina, en el prepucio y los labios, los cuales se hinchan y cubren de vesículas y costras. La plasticidad está disminuida, falta energía en sus operaciones, pero no hay aberracion de su tipo, ni degeneraciones é hipertrofias de los tejidos.
§ III.—Efectos terapéuticos.
Los servicios que puede prestar la alúmina son mas numerosos que lo que se ha creido, especialmente en enfermedades cuya rebeldía cansa á los enfermos y á los médicos. Se trata de las leucorreas, espermatorreas, catarros pulmonal y vesical, diarreas, corizas, que por su duracion, por la frecuencia de sus recidivas ó por la coincidencia con convalecencias penosas, son el orígen de mayores indicaciones. Las membranas mucosas en general tienen un color rojo oscuro en su parte esterna, y se observan en ella erosiones, tumefacciones, vesículas, úlceras superficiales, efecto de la laxitud de los tejidos, de una especie de descomposicion, y con frecuencia de un vicio herpético, por no decir que es la regla general. La alúmina puede en estos casos curar los infartos amigdalares, las anginas y las hinchazones mucosas; su naturaleza es herpética, y por lo menos la cronicidad es el carácter dominante. Así pues, este medicamento se adapta á la angina herpética, al herpes de la mucosa vaginal, etc.
En estas circunstancias, la quina y el arsénico pueden agregarse con ventaja. Sin embargo, el carbonato de amoníaco y el borax tienen mas analogía con alúmina, y por consiguiente obran en el mismo sentido en un tratamiento de larga duracion. Las dósis mas considerables, pero siempre perfectamente divididas, son en estos casos de la mayor utilidad.
Este estado de las mucosas suele existir en las fiebres del mismo nombre, en su período de decrecimiento y cuando aparentan durar indefinidamente. En este caso, además de la debilidad muscular y de la fatiga, por hablar, pensar y por el menor movimiento, hay una multitud de accidentes neurálgicos ó neuropáticos; palpitaciones, movimientos fluxionarios abortados que hace que los enfermos lo refieran á la sangre; afecciones paralíticas en personas que tienen los caractéres de la alúmina, y aun está indicada cuando se presentan algunos síntomas de irritacion simulando la inflamacion.
El práctico comprende que aun es útil en algunos casos de gastro-atonía y en varias hemorragias de los viejos y personas debilitadas; en ciertos casos de gota irregular, aun con irradiaciones á las vísceras, cuando en el dedo gordo del pié hay dolores y rubicundez lustrosa, indicada entre los síntomas de la alúmina.
El cólico saturnino puede ser tambien de alúmina, cuando sea ya antiguo; igualmente juega en algunas consecuencias sifilíticas cuando los enfermos han sido mal tratados ó se les ha dado muchos medicamentos, y si las membranas mucosas están afectadas con preferencia. En todas estas circunstancias no debe haber tumefacciones sero-subcutáneas, y el estado moral y físico del enfermo debe reunir la mayor analogía posible con el cuadro que de este medicamento dejamos trazado.
Muchas enfermedades podrian requerir el uso de alúmina en las mismas personas, y aun la hernia, de la que este medicamento presenta algunos síntomas; pero está especialmente indicada en varias erupciones herpéticas, en las que la vitalidad de la piel parece languidecer y alterarse su tejido, por una inercia vegetativa, por falta de jugos reparadores. En estos casos, el prurito, las rubicundeces oscuras, ciertos sabañones, son modificados ventajosamente por esta sustancia, del mismo modo que la ozena ó el herpes pituitario si se quiere, cuando depende de un estado análogo de la mucosa nasal.
La alúmina, en fin, es de una utilidad incontestable en las fiebres lentas con exacerbacion hácia la noche, sin predominio de calor, escepto las efervescencias de sangre, en fenómenos congestivos irregulares interrumpidos por calosfríos. Estas fiebres están acompañadas de debilidad y alteracion de las mucosas en personas reumáticas y herpéticas que han abusado del régimen vegetal, y en aquellos, en fin, que presentan un estado general semejante al de la alúmina.