Todos los síntomas en conjunto anuncian, desde el primer momento, un profundo ataque de la vitalidad, una índole maligna y atáxica, un carácter de putridez y destruccion.
En general, la concentracion es viva, el calor interno quemante en ciertos puntos; la sed grande y ardiente, á menos que la sensacion no sea abolida; la palidez es estremada; la piel está seca, áspera, fria, azulada por placas ó por digitaciones, y el azulamiento de los dedos todos se estiende á las manos y piés con frio glacial, á lo cual se une el aniquilamiento súbito de las fuerzas y algunas veces hasta el síncope. Los vértigos, los dolores violentos, la angustia y la debilidad muscular obligan á acostarse, ó provocan náuseas y vómitos. No es rara la somnolencia en este estado, aun en medio de los mas violentos calosfríos; el enfermo parece consumirse en pocas horas, los ojos se hunden, la estancacion de sangre en los capilares produce la cianosis, un frio marmóreo se estiende por la periferia y mas principalmente en el interior, ó se presenta en el epigastrio una sensacion de ardor quemante llena de ansiedad. En este estado, los espasmos no parecen ser otra cosa que sacudidas irregulares de impotentes influjos nerviosos en la trama orgánica amenazada de postracion; la vida lucha con la muerte, por medio de tirones dolorosos, de calambres, de temblores, de quejidos acompañados siempre de una ansiedad estremada, de un pulso pequeño, vivo, concentrado. La sed es ordinariamente inestinguible, sobrevienen sudores frios, diarrea y dolores violentos en el corazón ó en otros puntos.
Una de las prácticas mas útiles en las constituciones epidémicas malignas, es administrar el arsénico desde el principio, y desde que se observan los primeros síntomas de una afeccion sometida á la influencia de este genio maléfico; de esta manera se podrá detener el desarrollo ó combatir en un principio, las neuralgias, diarreas y fiebres que despues hubiesen sido graves. En casos análogos, la manzanilla y el mercurio son á veces sus mejores auxiliares.
Es indudable que en la mayor parte de las enfermedades caracterizadas, cuando desde el principio puede preveer el médico su marcha, es muchas veces mejor y mas útil insistir poco en los medicamentos que parecian mejor adaptados á los primeros períodos, para usar cuanto antes los indicados en el estado característico del período principal que se prevée y previene. Así se concibe cómo el zumaque y el arsénico alternados desde el principio del segundo período de la fiebre tifoídea, y continuados hasta el fin del período grave, han producido muchas veces el mejor efecto, del mismo modo que el eléboro blanco y el arsénico obran mejor al principio del cólera.
§ V.—Estado agudo.—Efectos fisiológicos y terapéuticos.
A una concentracion estremada que puede elevarse hasta la postracion de la vida y destruir al indivíduo, sucede despues una reaccion desordenada. Cualesquiera que sean el calor, la sequedad y su acritud, el calosfrío se reproduce por la impresion del aire esterior, por la ingestion del agua fria deseada con vehemencia, y aun por la sola sustraccion del calor aplicado. La sed persiste; los fenómenos gástricos se manifiestan ó aumentan de intensidad si ya existian; el ardor interior no disminuye, á no ser que se presente la diarrea, y aun en este caso se concentra algunas veces sobre el intestino y el ano. El vientre está quemante, aun al esterior; se observan con frecuencia en la piel eflorescencias vesiculosas, urticarias, penfigosas, y eritemas que no tienen persistencia.
Hay á veces movimientos de calor como por ondulaciones, ebulliciones de sangre que oprimen, y ocasionan palpitaciones ó vértigos y diversos dolores. El sueño produce en su calma orgánica una especie de relajacion con sudor general que es la mas útil. La calma que se advierte al despertar indica ordinariamente mas debilidad; el calor es con mas frecuencia angustioso con la cabeza despejada; el vientre parece ser siempre el sitio de congestiones y de calor, produciendo por consiguiente la imposibilidad de dormir, la ansiedad y la necesidad de moverse sin cesar en la cama.
A intérvalos mas ó menos largos, en el mismo dia, y alternando con los síntomas de concentracion, se repiten diversos fenómenos reactivos ó de espansion menos regulares, que son propios de arsénico: estos fenómenos se asemejan unas veces á fiebres intermitentes, otras á estados crónicos sometidos á exacerbaciones. En estos casos, los movimientos congestivos sobre el cerebro, sobre el vientre ó el pecho, acompañan siempre á los movimientos de espansion y pueden dominar la escena; pero se distinguen siempre por algunos de los caractéres ya mencionados. En este caso es cuando principalmente se manifiestan el decaimiento rápido de las fuerzas, los síncopes, los sudores frios, los vómitos, las diarreas aliviadas por la aplicacion del calor, los dolores concomitantes son quemantes, y se observa intermitencia ó una agravacion hácia el final de la noche.
El arsénico corresponde á una multitud de afecciones sin carácter de malignidad, como ciertas intermitentes, por ejemplo, pero siempre en casos semejantes se observa irregularidad en los accesos y una especie de caquexia palúdica, ó un estado asténico en el que la nutricion está paralizada, y es inminente, si ya no ha comenzado, la diátesis serosa.