El período sobreagudo de la accion de arsénico solo es inferior en síntomas al período crónico ó diatésico. Es el resultado de la influencia del medicamento sobre todas las potencias del organismo á la vez, y de las perturbaciones que induce en la esfera nerviosa. Esta se altera secundariamente por las modificaciones producidas, no solo en el sistema circulatorio, sino en los elementos constitutivos de la sangre y de los líquidos, y de estas modificaciones, debidas á la accion del arsénico, dependen los cambios operados en la vida vegetativa, real y profundamente atacada ya en la época de los movimientos críticos y del desarrollo de las lesiones consecutivas.
En este estado sobreagudo se observan los síntomas mas discordes y opuestos en gravedad, lo cual esplica, no solo la especialidad atáxica de este medicamento, sino el fundamento de los dos hechos siguientes: el primero, relativo á la variedad de las dósis que han provocado los síntomas fisiológicos, desde los envenenamientos con muerte casi instantánea, hasta los producidos por las mas débiles dósis; el segundo, referente á la distinta receptividad medicinal de las personas sometidas á la accion de esta heróica sustancia.
Como la accion del arsénico se concentra en el sistema nervioso que preside á las funciones nutritivas y vegetativas, y como de estas emanan los graves desórdenes que estallan en otros aparatos, resulta que la reaccion y las inflamaciones que produce tienen el carácter de tension y de quemazon que, aun en lo mas intenso de su agudeza, se alivia por el calor esteriormente aplicado, como si este calor se opusiese momentáneamente á la descomposicion, á la alteracion de los líquidos y á su estancacion asténica.
Siendo consecutiva esta accion sobre la sangre, de la que ejerce este medicamento en la inervacion, claro es, que debe ser de la misma naturaleza; es decir, atáxica y maligna; el corazon es afectado en este sentido, y despues de él todas las vísceras mas provistas de vasos capilares de toda especie, porque su tenuidad les coloca en los límites de la esfera sanguínea, y donde, por consiguiente, son mas dependientes de la vida vegetativa. Lo mismo sucede en el aparato linfático; todos los tejidos, todos los sistemas son atacados, ya directa, ya indirectamente por este medicamento.
A. Fiebres nerviosas. Cólera.—El arsénico es el medicamento de las fiebres é inflamaciones nerviosas sobreagudas que ofrecen los caractéres de la ataxia, de la putridez, de la tendencia á la gangrena, caractéres que se espresan por síntomas particulares en el período prodrómico y agudo, como lo hemos consignado. Por esta razon, prácticos distinguidos administran el arsénico en las fiebres pútridas y tifoídeas desde el principio, limitándose casi á este medicamento en toda la duracion de la enfermedad, dando con esta práctica el ejemplo de que es mas útil la simplificacion del tratamiento, que una gran variedad en las prescripciones. Está, pues, fuera de duda, que cuando la fiebre se presenta con todos sus caractéres se la puede detener y aun hacerla abortar: puede estarse seguro de poder dominar sus elementos, de impedir sus manifestaciones mas graves, de conducirla, en fin, dulcemente á la curacion. Creemos tambien que es generalmente mas útil, hecha ya la eleccion del medicamento, persistir en su uso, á fin de que pueda desplegar toda su unidad de accion y toda la estension de sus efectos, á cambiar de medicamentos, por influir menos convenientemente sobre la marcha de la enfermedad.
Cuando cambios esenciales en los síntomas exijan otros medicamentos, aun se puede obtener ventaja en persistir en el uso del que corresponde al fondo, al genio de la enfermedad, limitándose tan solo á alternar con el mismo el que mejor se adapte á la forma; esto no obstante, no debe olvidarse el sabio precepto de los maestros, de reemplazar prontamente un medicamento por otro semejante en las afecciones graves, sobreagudas, en las que su accion se gasta y agota pronto, pero con la condicion de no abandonar por mucho tiempo y aun de no cesar del todo en la administracion del que llenaba la indicacion principal.
Los caractéres del arsénico se confunden á veces, en cuanto á la forma de las fiebres graves en los detalles de sus síntomas, con los del zumaque, y aun de la brionia y otros medicamentos. ¿No sucede lo mismo en el cuadro patológico de las fiebres tifoídeas?
Con el auxilio de los síntomas que han precedido al estado sobreagudo grave, es siempre fácil el diferenciarles. Pongamos algunos ejemplos. Para el zumaque, este estado es precedido de mas espansion en la piel, de un orgasmo mas general y mas fijo; para la brionia, es precedido de estreñimiento que coincide con dolores congestivos en las partes superiores; para el beleño, ha precedido una exaltacion de los sentidos y delirio violento, y para el uno y el otro hay en el tifoidismo disecea y diminucion ó supresion de las orinas. El carbon vegetal reemplaza ventajosamente al arsénico en las afecciones orgánicas y disentéricas graves con timpanitis, aun cuando no se haya observado cambio importante en los síntomas con el uso del último.
El arsénico, en fin, está especialmente indicado: 1.º en el momento de las flegmasías graves, en que el esceso de inflamacion amenaza aniquilar la vida, siendo, por otra parte, muy digno de notar que siempre los fenómenos iniciales de tales inflamaciones indican la postracion de los capilares locales, ó la accion de un principio deletéreo; que la vida vegetativa es atacada primitivamente, y los fenómenos espasmódicos primordiales denotan un carácter nervioso grave; 2.º en aquel momento de la fiebre grave, en el que los síntomas nerviosos graves se desenvuelven en medio de la postracion, que no atacan los órganos de la vida de relacion sino despues de afectada la plasticidad y en plena tendencia pútrida. En atencion á estos datos, es fácil distinguir la adinamia arsenical de la de acónito, opio, etc..... porque en el arsénico se une á la ataxia desde el principio ó antes de los fenómenos de reaccion mas graves, y en el acónito es debida á una simple plenitud que detiene esta reaccion, y que en el opio depende de la congestion cerebral.
En vista de lo espuesto, las aplicaciones clínicas del arsénico ofrecen pocas dificultades, y todos los casos de curacion obtenidos por este medio en todas las escuelas proclaman altamente el carácter de su accion. Es sensible que los profesores modernos no hayan tenido todos el buen juicio de servirse de este medicamento en enfermedades mortales con harta frecuencia, como el cólera por ejemplo. Una multitud de trabajos modernos prueban hasta la evidencia la eficacia de este medicamento en esta terrible enfermedad, y abrigamos la creencia, como otros varios autores, que las dósis un poco mayores que las usadas por médicos meticulosos han producido buen efecto.