§ III.—Efectos terapéuticos.
La estrella de mar combate las congestiones apopléticas que se desenvuelven lentamente y por movimientos fluxionarios sucesivos: en estos casos se observa la debilidad de la vista, las pulsaciones de las carótidas, sofocaciones en la cabeza, vértigos bruscos y como por sacudidas, contracciones musculares en las piernas, y estreñimiento.
Este medicamento produce los mejores efectos en las afecciones escirrosas y cancerosas de los pechos y de la matriz, aun cuando haya úlcera; que sus bordes esten reenversados y que haya supuracion icorosa y vegetaciones rojizas como las del fungus hematodes.
La accion que se la ha atribuido sobre el dérmis para desarrollar escrescencias sicósicas, tendria en la práctica frecuentes aplicaciones en muchas lesiones rebeldes y que interesan todo el espesor del dérmis. Aun seria muy útil en casos de impotencia para escitar los órganos genitales; varios hechos comprueban esta propiedad en mayor grado quizá que en el fósforo. La estrella de mar, en fin, podrá combatir ventajosamente una epilepsia cuyos accesos sean precedidos de estremecimientos por todo el cuerpo y caracterizados por un ataque repentino, cara violada, espuma en la boca y que las sacudidas son violentas. Se observan alucinaciones sin pérdida de conocimiento.
Dósis.—Algunas gotas ó un gramo de la tintura constituyen las dósis á que se debe recurrir, siendo sin embargo preferibles unas gotas de la tercera ó sesta atenuacion en los casos de irritabilidad y congestion cerebral.
AURUM (Oro).
§ I.—Historia.
Nos ocuparémos primero del oro metálico preparado para el uso homeopático por trituraciones y atenuaciones sucesivas segun las reglas de la farmacopea. Completarémos este capítulo con algunos datos sobre las sales de oro.
Este metal en polvo fué empleado por los árabes, en el siglo VIII, en la melancolía; se le ha ensalzado despues como utilísimo en la misma dolencia, en la debilidad del corazon, en la ambliopia amaurótica, la disnea, las palpitaciones, la fetidez del aliento, la alopecia, y recientemente, en la melancolía elevada hasta el suicidio, y en otras afecciones que los efectos producidos por el oro en el hombre sano han hecho apreciar mejor.