Bien pronto sobreviene repugnancia, irritaciones y dolores de estómago, sed viva, calor incómodo, sensaciones de frio, sobre todo durante el reposo, dolores pasajeros en diferentes puntos, incomodidades de cabeza con latidos, somnolencia penosa, agitacion durante el sueño, vómito de alimentos, sudores parciales, tristeza y mal humor; la piel palidece, las fuerzas decaen.
Si el uso del hierro continúa, los síntomas se pronuncian más; hay tos, opresion, pesadez, dolores de cabeza por intérvalos, diarrea, hinchazon de la cara, hemorragias con escitacion sanguínea, marasmo, grande debilidad general.
Lo particular que ofrece este estado, es que los dolores, que son dislacerantes y lancinantes, se agravan ó aparecen por la noche y estando sentado. Tambien se hace sentir por la noche la necesidad de mover las partes doloridas ó afectadas de calambres; los fenómenos febriles son igualmente mas pronunciados por la noche. El aire libre molesta y produce una especie de desfallecimiento con obnubilacion, y hay necesidad de acostarse.
Se observa en las personas que abusan del hierro, en los obreros que le trabajan, en las poblaciones servidas por manantiales ferruginosos, enfermedades crónicas que nos interesa analizar y que ofrecen los síntomas siguientes: debilidad paralítica de todo el cuerpo ó de alguna parte, con temblor; dolores violentos en los miembros, obstruccion de las vísceras abdominales, lientería, diarreas crónicas; hemorróides, várices, vómitos crónicos, tisis pulmonal, hemoptisis, diversas hemorragias, supresion del flujo menstrual, aborto, esterilidad, impotencia, ictericia, clorosis; estados caquécticos en los que la hematosis parece abolida y el calor vital aniquilado.
Hé aquí, pues, un estado nervioso, sanguíneo y crónico bien caracterizados; ¿no es por un cuadro sintomático semejante como se manifiestan las caquexias y en las que el hierro obra eficazmente? ¿Y no es, pues, racional reconocer que puede tambien estar indicado en el período congestivo, sanguíneo, y por lo mismo pirético, de las afecciones de este género, así como en el período último y discrásico, del mismo modo que en el estado esténico y asténico? Luego el hierro no es un tónico, sino un medicamento escelente y especial que cura por su accion electiva, por sus relaciones con tal ó cual enfermedad.
Cuando se quiere fortificar á una persona débil, es porque está enferma; y siendo su debilidad el efecto de su enfermedad ó uno de sus síntomas, es preciso curar la enfermedad, porque así se cura la causa de la debilidad y á esta misma á la vez. El medicamento se dirige á una afeccion vital que, curada, permite al organismo recobrar su actividad y sus fuerzas; corrige la afeccion, como el alimento á la debilidad pura. Hay medicamentos que pueden obrar como los alimentos, medicamentos reconstitutivos destinados á volver al organismo los elementos químicos que le faltan; el hierro es uno de esos medicamentos en ciertos casos en que la sangre carece mas ó menos de él. En este número de agentes terapéuticos se cuentan aun algunas sustancias, porque todavía se dudará en una multitud de casos, si hay ó no una afeccion primaria, esencial que curar dinámicamente, la cual seria la causa de la diminucion de la cantidad normal de hierro en el organismo.
§ III.—Efectos terapéuticos.
A. Clorosis, anemia.—Que el hierro es un poderoso generador del glóbulo sanguíneo, nadie lo duda; pero tambien es preciso proclamar otra verdad importante para la justa apreciacion de sus efectos terapéuticos, y es que la accion tónica del hierro, llamado por Marcus el contrario de la clorosis, no es mas que el primero de una série de efectos de este medicamento sobre la vitalidad de los órganos, sobre la inervacion ganglionar y sobre la elaboracion de los elementos orgánicos, que, en último término de esta série, se pervierten, se alteran, se afectan de debilidad é impotencia.
No nos incumbe entrar en la discusion de las teorías que se han dado sobre la naturaleza de la clorosis. Nos limitamos á consignar que la observacion clínica, como la esperimentacion pura, están acordes para probar que el hierro obra dinámicamente sobre los órganos encargados de la hematosis, y por consiguiente, sobre la constitucion íntima de este flúido, cuya parte práctica proseguirémos tratando en este artículo.
El hierro es tambien un agente alterante de la sangre y de los humores, pues los empobrece, y decolora los tejidos, afectando al organismo hasta el deterioro y descomposicion; los síntomas que indican al hierro en una clorosis dada, son los siguientes: grande debilidad muscular, la sola accion de hablar fatiga, necesidad de estar echado, eretismo y supresion de varias secreciones, falta de derrames serosos é hidropesías, escepto el edema de los piés y la hinchazon pálida de la piel alrededor de los ojos, sueño agitado, fatiga al despertar, opresion del corazon que impide dormir en decúbito lateral, pulso pequeño, ruido de fuelle en el corazon y los grandes vasos, palpitaciones al menor movimiento, opresion y constriccion en el pecho en momentos dados, sudor matinal, ácido, movimientos congestivos en la cabeza, dolor en la misma, sobre todo de un lado, cefalalgia que aumenta encorvándose, alopecia, ansiedad y latidos en el epigastrio, zumbido en los oidos, ojos empañados, cara terrosa ó sucia, ó de una palidez oscura, facilidad á congestionarse y encenderse el semblante, rubicundez de las mejillas como si fuera una mancha roja en la piel, que está pálida alrededor, palidez de los labios, dilatacion de las narices á cada espiracion, anorexia, repugnancia á la carne, regurgitaciones, náuseas y vómitos ácidos ó de alimentos, ventosidades, lientería, supresion de las reglas ó metrorragias, tos seca por la mañana y despues de comer, opresion por la tarde, calambres en el estómago, en el vientre y en el pecho, en los dedos de las manos, en las pantorrillas y en los piés.