3.º Flegmasías subagudas y crónicas.—Rubicundeces lívidas, irritaciones de las mucosas, flujos serosos, mucosos y purulentos, neuralgia, dolor de escoriacion, latido, tales son los síntomas locales; pero, ó proceden del empobrecimiento de la sangre ó mejor aun del esceso de jugos blancos alterados y en un estado escrofuloso, ó son de carácter artrítico. Este último aspecto es el que domina en la oftalmía y las diversas afecciones del ojo que son propias de espigelia.

Los médicos de la América del Norte la tienen en grande aprecio para las diversas formas de oftalmía artrítica, cuando á los síntomas comunes se agregan dolores lancinantes y quemantes, afeccion ocular mas bien profunda que superficial, sensacion de dilatacion del globo del ojo, inyeccion varicosa que ocasiona á veces la formacion de un cordoncito alrededor de la córnea. Se debe recurrir á este medicamento cuando las neuralgias ó las congestiones artríticas del ojo y de las partes próximas afectan á este órgano hasta el oscurecimiento glaucomatoso.

Las afecciones neurálgicas y orgánicas del corazon, igualmente artríticas ó reumáticas, corresponden á espigelia, cuando se observa una falta de espontaneidad entre los latidos del corazon y los del pulso, palpitaciones irregulares y violentas, sensacion de temblor ó de ondulacion en la region del corazon, dolores lancinantes, imposibilidad de estar echado sobre el lado izquierdo, dolores que desde el corazon atraviesan el dorso, palpitaciones con opresion y ansiedad. Cuando este estado persiste ó se reproduce con frecuencia, se agregan síntomas febriles á largos intérvalos; una especie de fiebre con dolores vagos, endolorimiento del cuerpo, sed, hambre estraordinaria, abatimiento, angustia en el pecho.

4.º Neurosis.—La angina de pecho ó asma de Millar se calma, se mitigan sus angustias, sus constricciones pectorales, sus palpitaciones, su peligro inminente de sofocacion, por la accion de la espigelia. Este medicamento calma tambien ciertos calambres del estómago, que consisten en una sensacion de presion, en lancinaciones que dificultan ó detienen un instante la respiracion; el epigastrio está muy sensible y no puede soportar el contacto de los vértigos. La menor presion sobre el estómago produce angustias, palpitaciones y bocanadas de calor en la cara.

5.º Neuralgias.—La hemicránea reclama espigelia en personas artríticas ó de padres de igual disposicion, si se agrava al aire libre por el ruido y el movimiento; si es conmovente, vertiginosa y casi periódica. El occipucio está sensible al tacto, la nuca rígida y la cabeza parece que va á estallar. Se adapta muy bien á ciertos tics dolorosos y á la odontalgia; cuando los dolores pasan rápidamente, se estienden al oido, al cuello, á la espalda; se sitúan con preferencia en la órbita, acompañados de ansiedades y palpitaciones de corazon; si hay frecuentemente hinchazon ó palidez de la cara, tumefaccion roja y tirante muy dolorosa al tacto; el dolor de los dientes parece como que va á arrancarlos, presentándose ó desapareciendo con rapidez, en oposicion á los de estaño que se disipan lentamente.

Otros varios síntomas pueden justificar el uso de la espigelia en algunos casos de fiebre catarral, de coriza, de diarrea, de irritacion escorbútica de la boca, de bronquitis, de dolores reumáticos en los miembros, de dispepsia con gusto pútrido y fetidez del aliento, de ciertas afecciones en la piel, tales como forúnculos, rubicundez herpética de las alas de la nariz, escrescencias verrugosas, pequeños accesos en las estremidades, gangliones en el cuello. El porvenir la dará quizá mas importancia en estos casos, que á otros medicamentos mas conocidos y comprobados hoy por la esperiencia.

Dósis.—Las dósis de la espigelia son las mismas que dejamos indicadas para el cólchico, el aloes, el acónito...

SQUILLA (Escila, cebolla albarrana).

§ I.—Historia.

La cebolla de la escila es la parte usual de esta planta que corresponde á los asfódelos, Juss.—Hexandria monoginia, Linn.—Este medicamento ha sido tan usado antes como despreciado está hoy, á causa sin duda de la falta de exactitud en las indicaciones que nos han legado los antiguos. Porque justo es decir, que nuestra época no merece las inculpaciones que la dirigen terapéuticos severos de abandonar una multitud de medicamentos como la escila y aun otros mas importantes que ella. Es preferible privarse de remedios mal conocidos, que emplearlos sin datos suficientes, y multiplicar las prescripciones cambiando todos los dias de medicamentos. Pero la época de estacionamiento en los progresos de la materia médica, el olvido de los medios menos conocidos, la duda que les rechaza, no dura mas que lo que se tarda en el exámen y revision de los materiales acumulados por los siglos; tiempo difícil, trabajo inmenso del que la terapéutica saldrá, está saliendo ya, depurada, mas rica y poderosa.