E. Afecciones nerviosas y neurálgicas.—Las neuroses, las neuralgias y las parálisis propias del azufre reconocen por causa el herpetismo, una metástasis dartrosa, una erupcion abortada, una diátesis herpética hereditaria. Siempre que los antecedentes ó los síntomas existentes conduzcan al médico á formar este diagnóstico etiológico, es necesario administrar el azufre, aparte de los medicamentos mas especialmente indicados: 1.º en las afecciones convulsivas crónicas, en la coqueluche rebelde, en el histerismo y los accesos epileptiformes; 2.º en la hipocondría, en diversas manías religiosas y filosóficas, en la enajenacion mental á consecuencia de falsas crísis de las fiebres nerviosas, ó de los escesos en el estudio; 3.º en la gota crónica, sobre todo irregular, con violento eretismo local, rubicundez y tension, ó atonía profunda y sobreescitacion nerviosa cerebral ó general; 4.º en los dolores reumáticos de la cabeza, de los dientes, de los miembros; en las afecciones reumáticas de las articulaciones de las vísceras y de las membranas serosas; 5.º en el asma y toda afeccion asmática; 6.º en enfermedades neuro-asténicas y en ciertos casos de atrofia muscular, especialmente en los niños. La ciencia reconoce hoy y la clínica há ya mucho tiempo que tiene establecidas las relaciones de todas las afecciones de este género con las erupciones cutáneas y el herpes mucoso ó secundario.

F. Afecciones cutáneas.—Si se divide á los exantemas crónicos en tres clases segun la parte de los tegumentos que afectan, ó sea el epidérmis, el dérmis y el cuerpo mucoso de Malpigio, el azufre está indicado en todas, porque reune en sus efectos sobre el sistema cutáneo los de todos los medicamentos, ya consistan en el reblandecimiento, esfoliacion ó pérdida de sustancia, ya en la induracion, granulacion, hipertrofia, nueva formacion. Muchos medicamentos son, sin embargo, sus mejores auxiliares, no solo para preparar las lesiones y los tejidos á su accion, sino tambien para completarla ó especializarla más.

En las divisiones ordinarias de las afecciones cutáneas, el azufre corresponde á las formas vesiculosas y papulosas, á las erupciones psóricas ó sarnosas, miliares ó costrosas, en las manchas rojas, hepáticas y furfuráceas, cuando en estas afecciones hay prurito desagradable, con calor despues de rascarse. Este prurito ardiente, si existe solo, mas violento por la noche y en la cama que por el dia, reclama igualmente el azufre.

Entre las particularidades de los efectos del azufre sobresalen algunos que le hacen útil: en la miliar y la urticaria, que afectan completamente á un miembro con prurito y escoriaciones; en las costras herpéticas sobre una base inflamatoria, pruritosa y caliente, ó que se abren fácilmente; en las erupciones secas de la cabeza y del cuero cabelludo; en la costra láctea serpiginosa, en las escoriaciones epidérmicas de las palmas de las manos; en la pityriasis con alopecia; en los herpes furfuráceos con flíctenas, en las grietas del pezon despues de árnica, haya ó no auréola eritematosa, y en las que tambien juega el grafito; en el intertrigo, en los sabañones inflamados, en la rubicundez de la nariz y otros éstasis sanguíneos cutáneos con prurito y calor; en las úlceras con pus sanguinolento y seroso; en los empeines ó paños, obstruccion de los folículos sebáceos en los que se acumula una materia caseiforme y cuya inflamacion produce un acné propio del grafito; en los casos de sarna trasformada ó inveterada con grande prurito, cuando las vesículas aparecen en todas partes menos en las manos, que se presentan en estaciones y en regiones orgánicas dadas, que se ulceran frecuentemente, se cubren de costras y se complican con forúnculos saniosos; en el panadizo y otras inflamaciones tambien erisipelatosas que se reproducen con frecuencia y alternan con orzuelos, irritacion en la laringe, dolores reumáticos.

Hé aquí, pues, el medicamento que ha podido considerársele como una panacea y un bálsamo: espuestas quedan sus indicaciones, que con sentimiento hemos reducido á tan corta estension. Aliéntanos la idea de haber auxiliado al lector á fin de determinar su electividad y sus propiedades, y de haberle puesto en disposicion de aprovechar su patogenesia y los análisis de sus efectos clínicos.

Dósis.—Las observaciones que dejamos ya hechas sobre las dósis, tienen ahora una esplicacion particular. En general no existen razones bastante satisfactorias para optar con preferencia por las pequeñas ó las grandes. Es por consiguiente lógico y natural el recurrir á dósis tanto mas débiles cuanto mas apropiado sea el medicamento, puesto que tiende á escitar la reaccion curativa en el sentido de las sinergias morbosas. Las dósis mas fuertes deben reservarse para los casos en que las indicaciones sean menos precisas, basadas mas bien en un conjunto de fenómenos discrásicos ó racionales, que, como espresion sintética del estado morboso, no se adaptan exactamente á los síntomas especiales capaces de caracterizar mejor el diagnóstico de la enfermedad y del medicamento. La accion, pues, del azufre, caracterizada por el eretismo en los fenómenos propios de su esfera activa, determinaria especialmente, si coexistiese una lesion orgánica interna, un incremento de irritabilidad insidiosa, funesta por lo mismo, si en estas circunstancias no se le administrase á las dósis mas débiles. No hay el mismo peligro en los estados diatésicos sin lesion orgánica interna, ya convenga tan solo al fondo herpético de la afeccion, ya se pretenda estimular el sistema sanguíneo, disipar la inercia y despertar alguna manifestacion herpética.

Las tres primeras trituraciones y la tintura del azufre, hechas segun lo preceptuado en la farmacopea hahnemanniana, son dósis suficientes para muchas afecciones esternas, tales como dartros, úlceras, irritaciones eritematosas crónicas, y en la misma sarna; se administran 2 ó 3 decígramos de la primera á la tercera trituracion, en tres ó cuatro dósis al dia, ó bien de 2 á 20 gotas de la tintura por fracciones de la misma manera. Las aplicaciones esteriores, aun en la sarna, no deben pasar nunca de estas cantidades, ya en pomada con dos partes de la tintura ó de la primera trituracion para quince de manteca, ya en lociones con dos partes de la tintura para diez ó quince de agua pura. Estas lociones repetidas tres ó cuatro veces al dia, constituyen quizá el mejor modo de tratar la sarna, dando al interior dósis como las que se acaban de designar, y continuando el tratamiento por una decena de dias. No ignoramos que se puede suprimir una erupcion sarnosa en menos tiempo; pero la esperiencia prueba que estas supresiones no son ordinariamente verdaderas curaciones. Se puede, en fin, espolvorear ventajosamente las úlceras sórdidas, varicosas y ciertas lesiones cutáneas exudantes, con la segunda ó tercera trituracion.

Las afecciones orgánicas internas del pulmon, del hígado..., con fiebre héctica, exigen dósis mas débiles; bastan algunos glóbulos de la trigésima atenuacion; y no es por lo general lo mejor repetirlas sin que hayan pasado bastantes dias y aun semanas á veces, porque la accion del azufre se prolonga además bastante en estos casos para permitir intercalar algun otro medicamento durante el tiempo de su accion. El organismo se escita algunas veces peligrosamente con la influencia de las dósis fuertes; y lesiones, como las del pulmon por ejemplo, pueden agravarse insidiosamente, mientras que con las débiles se calma la irritabilidad y la fiebre, obrando favorablemente en los tejidos alterados. Las dósis medias de la sesta á la trigésima atenuacion son preferibles en casos en que la irritabilidad es menor, y en las afecciones cutáneas, lesiones esternas, escrófulas, etc.

Insistiendo aun sobre este asunto, dirémos que no hay medicamento que mas precise adaptar bien sus dósis al género de enfermedad, á su intensidad y al temperamento del enfermo: todos los grados de la escala posológica son necesarios en el azufre, y todos tienen su oportunidad. Solo deben usarse las dósis miasmáticas, si así podemos espresarnos, para no conmover el organismo y dar lugar á frecuentes agravaciones. El azufre, en fin, es el mas relacionado con un gran número de enfermedades y medicamentos, y el que tiene antídotos mas numerosos, siéndolo él á su vez de muchos medicamentos. Concluirémos con indicar el abuso que se hace de ciertas aguas sulfurosas como antídoto del mercurio, en casos de sífilis tratados por grandes dósis del mismo, pues seria mas racional el limitarse á dósis suficientes, pero no escesivas y perjudiciales.

SULPHURIS ACIDUM (Acido sulfúrico).