Es evidente que el yodo posee una accion electiva muy pronunciada sobre la vida vegetativa en los fenómenos de absorcion y exhalacion, y que luego obra inmediatamente sobre los sistemas nutritivo y quilífero, mucoso y seroso, linfático y glandular, y tambien, por consiguiente, aunque secundariamente, sobre el sistema venoso, sobre la celdilla orgánica y sobre el processus plástico. Si bajo este concepto, puede emplearse el yodo para combatir la tuberculizacion, mejor podrá empleársele si se tiene presente, que sus efectos diatésicos son análogos á los de las diátesis escrofulosa y sifilítica. En su accion sobre la nutricion intersticial y sobre la célula orgánica, solo el azufre y quizás el arsénico son los únicos medicamentos mas justamente análogos, y los mas convenientes para obtener felices modificaciones en los sugetos predispuestos ó afectados ya de tubérculos.
Las relaciones entre el yodo y el arsénico se manifiestan por su eretismo y actividad de los absorbentes, por la venosidad y la caquexia final; entre el yodo y el mercurio, por la accion recíproca de ambos en el sistema linfático y glandular, y aun en la laringe. El yodo ofrece bastante analogía con la cina por la alteracion de la nutricion. El azufre tiene muchas relaciones de analogía con el yodo, y aquel, así como el arsénico, son los mejores antídotos despues del mercurio. Por lo tanto, el yodo es uno de los mas naturales de este último medicamento, sin esceptuar el sulfuro de cal.
La accion tan pronunciada del yodo sobre el sistema linfático y la vida vegetativa, hace que sea un medicamento precioso en las discrasias escrofulosa, sifilítica, mercurial, tuberculosa. A esta accion debe el adaptarse á la constitucion linfática con predominio de las glándulas, de las mucosas y de los jugos blancos. La infancia y el período de la vida en que existe este predominio, son muy simpáticos al yodo. Por esta razon dedujo el doctor Asunn de sus propias observaciones, que solo debia emplearse el yodo en los jóvenes, ó hasta los cuarenta años cuando más, época del predominio de los sistemas sanguíneo, gástrico y pulmonal, y la edad de mayor fijeza en los elementos orgánicos. Sin embargo, así como el yodo, por su accion sobre los gánglios linfáticos y glándulas salivales, y sobre las criptas mucosas de las superficies internas, es mas análogo á la edad de la juventud en la que estos órganos gozan de mayor actividad, así tambien es fácil admitir, y la clínica autoriza esta opinion, que la vejez, por la actividad en sentido inverso de los mismos órganos de secrecion y escrecion, no está fuera de la esfera de accion del yodo.
§ III.—Efectos terapéuticos.
Es un hecho de observacion comprobado por los prácticos de todas las escuelas y doctrinas, que la mayoría de los estados morbosos curados con el yodo se hallan entre los síntomas que este medicamento produce en el hombre sano. Esta observacion, comun á todos los medicamentos generalmente empleados, prueba la alta importancia de los trabajos de Hahnemann y de sus discípulos, especialmente alemanes que han formado sociedades para la esperimentacion fisiológica de aquellos.
Las afecciones escrofulosas, en sus espresiones locales y diatésicas, ofrecen muchas indicaciones del yodo. Desde el infarto de los gánglios del cuello, del mesenterio....., hasta la úlcera escrofulosa, que empieza por un grano é invade los tejidos, cicatrizándose por un lado, á medida que se estiende por otro; desde la amigdalitis y la prostatitis crónicas con hipertrofia, hasta el bocio, que corresponde á la esponja quemada, principal sustancia yódica conocida de los antiguos, rara es la afeccion en estas escalas en que el yodo no tenga un momento de oportunidad. El azufre, el arsénico y el carbonato de cal, entre otros medicamentos, son con frecuencia tan eficaces como el yodo, y este mismo tiene en el bromo su reciente y moderno rival.
El yodo se ha manifestado hasta indispensable en las ulceraciones de los huesos por el vicio escrofuloso, si bien el sílice, el mercurio y el azufre están igualmente indicados en un tratamiento de esta especie. Se ha decantado mucho al yodo, es decir, el hidriodato de potasa en el escirro, las producciones sicósicas degeneradas, los tumores glandulares endurecidos; en este último caso, pueden jugar oportunamente el oro, el clematis, la cicuta.
Las induraciones del tejido celular y de las glándulas, del hígado y del bazo, las periostitis crónicas y la tumefaccion de los huesos, reclaman el uso del yodo, aunque rara vez se curan con él solo. El carbonato de cal ó el de potasa, el azufre, el sílice, el mercurio y el arsénico son generalmente sus auxiliares. El yodo está indicado en muchas flegmasías subagudas, cuando tienen un carácter escrofuloso, ó que proceden de la sífilis degenerada ó antigua, ó son un resultado de la mercurializacion, entre las que se pueden citar las siguientes: oftalmías húmedas, corizas fluentes; la ozena, leucorrea, algunos vómitos rebeldes, el tialismo mercurial ó simplemente la salivacion, ya asténica, ó esténica, la escesiva abundancia de las orinas y la secrecion láctea exagerada con un estado linfático mas ó menos pronunciado.
El yodo es particularmente útil en las discrasias que afectan particularmente el organismo en el sentido que hemos indicado y con especialidad en la disposicion á la tuberculizacion, en el linfatismo, y en ese estado constitucional en que abundan los jugos blancos, que las carnes están flácidas, las mucosas irritadas y flogoseadas con facilidad, y la reaccion es lenta é incompleta. El azufre y la sal marina son muy apropiados á estos estados.
Se ha pretendido negar la existencia de un vicio, de un principio escrofuloso, sin pensar que las causas á que han querido atribuir la escrófula, si bien pueden esplicar la existencia de esta afeccion en las personas que la padecen, no sucede lo mismo cuando estas afecciones escrofulosas se presentan en indivíduos sanguíneos, de nutricion buena y de una quilificacion escelente. Por otra parte, está desgraciadamente bien probada la trasmision hereditaria del vicio escrofuloso, por multitud de hechos que todos los dias se presentan á la observacion de los médicos.