Los homeópatas alemanes creen que la juventud, el temperamento linfático-sanguíneo y linfático-nervioso, el abuso de la quina, del café ó el opio, las consecuencias de un enfriamiento, los elementos catarral, mucoso, los resultados de una afeccion gástrica saburral y mucosa, son los signos que indican este medicamento y las circunstancias favorables á su accion. Y nosotros agregamos la estacion del estío, los climas tropicales y los países en que reinan las fiebres palúdicas.

Hasta ahora, nada hemos dicho de la accion de la ipecacuana en la circulacion general. Por lo espuesto, se puede ya juzgar que este medicamento obra en la circulacion y en los capilares por una accion mediata y primitiva en los nervios ganglionares; se puede estar convencido de ésto por los síntomas febriles que produce en el hombre sano y por los que cura en los febricitantes: el calofrío es precedido de malestar, pandiculaciones, laxitud, frio, sudor frio. Los calofríos se elevan hasta la horripilacion; duran incomparablemente mas que el calor, y en otras ocasiones, este es muy vivo, de larga duracion y sin relacion con los fenómenos de concentracion. En el estadio del frio hay náuseas y vómitos, y los síntomas gástricos subsisten en la apirexia. El acceso sobreviene con preferencia por la tarde, ó bien este es el momento de la agravacion de la fiebre; por lo general, el sudor es nocturno interceptado por movimientos congestivos pasajeros. La sed se presenta solamente con los calofríos, y la ansiedad subsiste en los dos primeros estadios. El calor es seco y quemante.

La esperiencia ha probado que la ipecacuana es un medicamento esencial en el tratamiento de las fiebres de Africa y de todos los países pantanosos, cálidos ó intertropicales, y que en union de la quina y el arsénico, constituye el fondo de su terapéutica. Esta especialidad de la ipecacuana en las fiebres palúdicas nos parece que procede de su electividad sobre el sistema nervioso ganglionar que distribuye sus nervios del plexo solar y otros plexos en la aorta y en los órganos gástricos y pulmonales.

§ III.—Efectos terapéuticos.

A. Afecciones febriles.—La ipecacuana está indicada en las fiebres intermitentes, especialmente las de los países cálidos. Su tratamiento debe empezarse con dósis débiles; es decir, impotentes para provocar la menor náusea ó el mas pequeño efecto diaforético: entonces la ipecacuana abrevia la duracion de la fiebre, la simplifica, la corta por sí sola, sin reproduccion; tenemos numerosos hechos que lo confirman. No es necesario generalmente inquirir con toda exactitud la analogía de sus síntomas con los de la fiebre intermitente, remitente ó subcontinua que se quiere tratar. Este hecho práctico admitido hace mas de veinte años por muchos médicos de las colonias y de la Argelia, merece mucha consideracion. Es preciso evitar el obstinarse en el uso de la quina ó del arsénico, é investigar mas medios que los puramente empíricos de las curaciones mas positivas.

La nuez vómica, la quina y la ipecacuana son los tres medicamentos esenciales de la fiebre intermitente ó remitente de los países pantanosos, si bien no debe impedir el que en ocasiones dadas se recurra á la pimienta de la Jamaica, al arsénico y á otros febrífugos de este género.

No omitirémos el indicar la propiedad abortiva de la ipecacuana administrada antes del calofrío y desde los primeros signos de concentracion citados mas arriba, signos propios de la ipecacuana y de muchas fiebres de estío con accesos cotidianos: este medicamento suprime el acceso y algunas veces la fiebre. Tambien es, despues de la quina ó alternada con esta, el medicamento mas apto para prevenir el desarrollo de los accesos y de la fiebre palúdica.

La ipecacuana está eminentemente indicada despues de acónito en los casos de fiebre sobreaguda con flogosis en la garganta, en los bronquios, ó en el pulmon, en los niños. La falta de esta agudeza y la carencia de fenómenos congestivos rápidos y espasmódicos, de terquedad y de susceptibilidad, contraindican su uso en los niños, en los jóvenes y en las mujeres, aun en una fiebre gástrica. La manzanilla tiene mucha analogía con la ipecacuana en las fiebres, con la diferencia que aquella corresponde á un orgasmo sanguíneo menos intenso, y á un eretismo mas bien atáxico que espasmódico en las fiebres ya desarrolladas y en un período avanzado.

La fiebre gástrica ó biliosa subaguda con propension continua al vómito durante una epidemia ó en estío, corresponde á ipecacuana. Le pertenecen tambien las fiebres en las que el sudor es escesivo y hay espasmos, con ansiedad y tendencia al desfallecimiento ó aun con desfallecimiento y grande debilidad. La brionia corresponde igualmente al sudor escesivo de ciertas fiebres; pero este sudor es debido á un orgasmo sanguíneo del pulmon y no está acompañado de esos fenómenos. El eléboro blanco solo conviene en un sudor abundante, pero con frio. El acónito no tiene espasmos ni desfallecimiento en estos casos, y el sudor es mas sosegado, sin que á veces sea menos abundante. Solo el arsénico puede rivalizar con la ipecacuana, si el sudor abundante al que corresponde, está acompañado de espasmos; pero exige además una ansiedad mucho mayor.

B. Flegmasías. La ipecacuana es útil en las inflamaciones subagudas, cuando subsiste la irritacion nerviosa despues del período de incremento de la fiebre; su accion está en relacion con los fenómenos convulsivos de los miembros, y difiere del beleño, en que los síntomas nerviosos se fijan en la cabeza ó proceden de los primeros; de la sal de nitro, porque esta afecta mas particularmente el corazon; de la pulsatila, porque desenvuelve mas bien neuralgias y alternativas de calofríos y calor.