La ipecacuana puede conjurar los accidentes mas graves: la disnea estremada, la respiracion angustiosa, la parálisis inminente del pulmon. En la acumulacion de mucosidades en los bronquios que aumenta en proporcion del peligro, son de grande utilidad el almizcle, el tártaro estibiado, el arsénico y la cantárida administrada al interior ó aplicada como vesicatoria. Agregarémos al efecto, que la abundancia de mucosidades, aun las filamentosas, sin otro accidente, se corrige mejor con la ipecacuana que con el mismo arsénico, si aun subsiste algun resto de irritacion; se recurrirá al fósforo y al carbon vegetal, cuando la flegmorragia es mas asténica. En el tratamiento siempre largo de estas broncorreas, son tambien útiles la senega, la pulsatila, la dulcamara, la escila.

No se debe desdeñar el uso de la ipecacuana en el crup antes de la formacion de las falsas membranas, si los síntomas generales y concomitantes la indican; pues ya se la ha recomendado eficazmente para esta grave enfermedad antes que lo propusiese M. Teste, siendo por otra parte cierto que la ipecacuana posee síntomas fisiológicos muy análogos al crup. M. Teste la alterna con la brionia, felicitándose mucho de este procedimiento; nosotros no podemos alegar en favor de esta opinion el resultado de esta esperiencia, y por lo tanto suspendemos el juicio. A la verdad que conociendo bastante las imperfecciones de la materia médica, aguardamos con confianza que nuevas esperiencias y ensayos bien hechos, agrandarán continuamente el campo de la terapéutica, y descubrirán en muchos medicamentos propiedades no comprendidas aun en sus patogenesias incompletas por lo general.

Dósis.—Se usa á la dósis de una á cinco gotas en agua, en los casos de catarro sofocante, asma, afecciones congestivas, espasmódicas y flegmásicas. Se emplearán dósis mas débiles en los casos de fiebres menos tempestuosas, y en las afecciones gástricas y neurálgicas. Es raro convenga administrarla á menores dósis que las de algunos glóbulos de la tercera atenuacion, á no ser en niños altamente impresionables.

KALI CARBONICUM (Subcarbonato de potasa).

§ 1.—Historia.

Esta sal de potasa se ha usado en todos tiempos en enfermedades muy diversas. Se la han atribuido propiedades diuréticas, resolutivas, antiescrofulosas. Ha estado muy en boga en el tratamiento de las hidropesías y compone parte como medicamento esencial en las fórmulas que tan célebres han sido para la ascitis. El elixir de Peyrhile, pretendido antiescrofuloso, contiene gran cantidad de esta sal.

Es indudable que el carbonato de sosa no tiene las mismas propiedades que el subcarbonato de potasa, particularmente en las aguas minerales que les contienen, pero estas propiedades han sido prejuzgadas, ya por los efectos terapéuticos, ya por los fisiológicos generales, de una importancia mucho menor, y que pertenecen á todas las sales alcalinas.

§ II.—Efectos fisiológicos.

Los numerosos síntomas recogidos en la esperimentacion sobre el hombre sano, demuestran que el carbonato de potasa ejerce una accion profunda sobre la nutricion y la vida vegetativa. Los fenómenos febriles tienen todos el carácter de una fiebre crónica y diatésica, sin que en su accion se advierta nada de agudo ni de inflamatorio; pues si bien es verdad que en su patogenesia se ven algunos síntomas congestivos, tambien lo es que van acompañados de temblores nerviosos, de adormecimiento y debilidad real; si hay neuralgias, son la espresion de una astenia nerviosa y de largos padecimientos anteriores; si hay fiebre ó síntomas de inflamacion local, domina el calofrío, el sudor falta ó es nocturno y aun colicuativo, y el estado general indica la hidroemia.

La accion electiva de este medicamento se dirige al sistema exhalante y absorbente, á las membranas serosas y mucosas, y tambien por consiguiente á los sistemas venoso y linfático á los que van á parar todos los productos de la absorcion, y de donde proceden todos los de la exhalacion. Esto esplica la profunda alteracion que este medicamento produce en la nutricion, la superabundancia de serosidad en la sangre y su derrame en las cavidades esplánicas y en las mallas del tejido celular; de aquí, en fin, resultan los infartos linfáticos y la venosidad.