Las virtudes en que yo pienso fijar especialmente la atención este año, son la dulzura y la humildad. Me parece que son las principales. Quiero hablar poco de mí, sobrellevar con paciencia las contrariedades y las humillaciones que pueda soportar sin menoscabo de la dignidad humana, no rebuscar en mi tocado vanidad alguna, no reprender a mis hijos y a otras personas con acritud ni enredarme nunca en discusiones; quiero asimismo no decir jamás una palabra que pueda molestar al prójimo, presente o ausente. Estos son mis proyectos durante este año; si puedo cumplirlos fielmente, habré empleado bien el tiempo.

LXXIII

No hay nada de particular en las anotaciones de este año hasta el mes de septiembre, en el cual se lee:

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Vivo sola en Milly con mis hijas y mis libros; esta soledad me encanta. He dado esta tarde un gran paseo por la montaña de Craz, situada detrás de nuestra casa, sobre nuestras viñas. Estoy sola; gusto mucho, durante las horas de la tarde, de irme sola y lejos. Amo mucho el otoño y los largos paseos, sin otro entretenimiento que mis impresiones; éstas son grandes como el horizonte y llenas del espíritu de Dios. La Naturaleza conmueve mi corazón bajo mis reflexiones, y me infunde cierta tristeza que me fascina; no sé lo que es, pero siento una especie de armonía secreta entre nuestra alma infinita y el infinito de las obras de Dios. Cuando vuelvo la vista y observo desde lo alto de la montaña la luz que brilla en el interior del cuarto de mis hijas, bendigo y doy gracias a la Providencia por haberme concedido este nido, casi oculto a la vista de todo el mundo, para dar calor y vida a los hijos de mi alma.

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Todos los días, por la tarde, digo una oración de muy pocas palabras: un cántico interior que ninguna persona llegaría a entender; pero vos, Dios mío, vos lo comprendéis muy bien, como entendéis el zumbar de los insectos entre las florecillas de los matorrales y el ruido de la hoja seca, juguete del viento.

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En el año 1807 sólo contiene el diario misteriosos exámenes de una conciencia escrupulosa hasta el extremo, y obligaciones de una madre para salvar de todo peligro a sus hijos. De regreso a la ciudad para pasar en ella el invierno de 1808, vuelve a tomar la pluma alguna que otra vez, pero la pluma parece que se resiste a trazar sus ideas. 1808 y una parte de 1809 faltan. Véase, no obstante, lo que sucedió entonces a mi familia.

Había por aquel tiempo en Mâcón una bellísima joven perteneciente a cierta familia muy distinguida; era elegante, hermosa y de espíritu recto y cultivado, quien inspiró a su hijo una de aquellas inclinaciones infantiles e inocentes y puras, que son siempre, mejor que las explosiones, el presentimiento del amor. No obstante las diferencias de edad, temían entrambas familias pudiera traer aquella simpatía consecuencias que no entraban en sus cálculos.