LXXXIV

31 de diciembre de 1813.

Estamos refugiados en Mâcón; todos los días corre la noticia de que los enemigos van a venir; hay quien asegura ya que han pasado por Génova. He ido a Milly para esconder un poco de trigo por lo que pueda ocurrir, que me parece será de importancia. ¡El año que hoy acaba, ha parecido un sueño sangriento de Bonaparte! ¡Qué será, Dios mío, el que empieza mañana! Tengo esperanza de que caerá...

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Estos puntos suspensivos indican bien claro su deseo de la caída de Bonaparte y de la vuelta de los Borbones, los reyes queridos de su niñez.

LXXXV

9 de enero de 1814.

Han llegado los enemigos hasta Besançon junto a Lyón; se espera en este sitio una batalla: no sé si deba preocuparme o no por este esperado acontecimiento: el peligro produce sangre fría y concentra en el corazón todas sus fuerzas. Espero y creo en Dios.

Las gentes están agitadísimas, y cada cual se deja llevar por sus opiniones. Hago esfuerzos para no decir nada en contra del espíritu de paz y caridad que debe reinar entre los verdaderos cristianos, y a pesar de mi excesiva moderación soy criticada. No importa, tengo fuerza de voluntad para sufrirlo todo.

Mis ocupaciones y mis gastos son grandes; tengo poquísimo dinero, puesto que mi viaje me arruinó, y mi marido no quiere reducir nuestros gastos.