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En las reflexiones que vamos a copiar, escritas en su retiro de Milly, se advierte desde luego el sentimiento, tanto tiempo comprimido, que la madre de familia abrigaba contra la dominación militar de Bonaparte, y los deseos de que la Francia estuviera gobernada por un gobierno más pacífico, que ella creía de buena fe había de ser el de los Borbones, a cuya familia amaba desde su niñez. Esta página viene a ser el lirismo de la esperanza, después de la desesperación. Un régimen tan odiado por las mujeres no podía ser por ningún estilo todo lo popular que los historiadores del partido quieren hacernos creer.

Continuemos leyendo las impresiones de aquella madre amantísima.

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Milly, viernes 15 de abril.

Señor, jamás hubo en el mundo una criatura más colmada de vuestros beneficios que esta humilde pecadora. A medida que voy avanzando en edad, me encuentro rodeada cada día de una protección particular de vuestra divina piedad. En medio de todo lo que acaba de suceder, no he sufrido particularmente una sola desgracia. Mis hijos se encuentran todos a mi lado. Conservo a mi único varón, cuando tantos otros padres han perdido los suyos. Su salud se modifica de continuo, tanto, que puede decirse ya que está del todo restablecido. Todo lo que os pido, Dios mío, es que le hagáis un buen cristiano. Combato, por mi parte, todo lo que puedo, todos los impulsos que la ambición pretende encender en mi pecho; todo esto que pido es en bien de mi hijo, de su alma. Pero al pedir en bien del alma (y no deseando realmente más que eso), siento una tristeza y un desfallecimiento que me causa horror. Acaso este será un castigo de Dios por haberme inclinado demasiado a las cosas mundanas; será que se me advierte la pérdida de los goces verdaderos; yo así lo creo, porque antes de ahora, cuando me dedicaba a Dios solamente, era feliz en mi retiro, me alzaba sobre las miserias terrenales y sentía una inexplicable alegría, pero en la actualidad no puedo, sin esfuerzo, alcanzar este entusiasmo celestial. ¿Será que mis sentidos se entorpecen al peso de los años? Sin embargo, mi salud es buena y mejor que otras veces, lo cual es todavía otro de los favores por que debo dar gracias a Dios. Mis hijas están igualmente buenas, creciendo a mi lado en virtud y hermosura, porque sus figuras son simpáticas y su piedad grande: tanto es así, que yo misma, algunas veces, he notado escrúpulos excesivos en ellas que me he visto obligada a combatir. Cecilia y su marido están todavía con nosotros; su hijo, mi nietecito, se está haciendo cada día más hermoso; su madre se lo cría, y hace en esto muy bien; nunca me ha gustado dar los niños a manos mercenarias.

Va mejorando nuestra fortuna. Gozamos de la consideración y aprecio de cuantos nos rodean y esto es una parte de los beneficios que Dios me concede. Siempre debiera estar de rodillas para darle gracias o al menos ocuparme continuamente de mis deberes proclamando su gloria, y empleando por él todos los instantes que me concede y que tan buenos son, entretanto que otros sufren amargamente.

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Dios, porque es eterno, es paciente; esta frase no sé si de Bossuet o de San Agustín, la recuerdo estos días al reflexionar sobre la caída de Napoleón. ¡Qué ejemplo de la divina justicia!

¡Cuántas ambiciones ha despertado el ver este coloso de la gloria elevado sobre el inicuo pedestal de barro! Europa entera parecía humillada bajo su poder; no tenía él más que desear y emprender cualquier cosa, para verla realizada antes de que su misma ambición pudiera apetecer. Mientras fue instrumento divino, nada pudo sostener el curso de sus conquistas, de sus devastaciones, del trastorno general que parecía efectuarse por él, sobre toda la superficie del globo. No podía decirse a cuál virtud lo debía, porque la iniquidad le llevaba encadenado a un desenlace ruidoso y brillante a la vez ciertamente. Pero vosotros, los que, alucinados por esa gloria, admiráis el coloso de la maldad, escuchad; escuchad, sí, un momento; atended un instante y veréis este prodigio disipado, desvanecido, destruido en menos tiempo del que necesitó para elevarse. ¿Dónde encontrar el rastro de su paso? Porque habéis de saber que le servirá de mortaja lo mismo que se ha dado en llamar su gloria, para ser enterrado bajo las ruinas de diversas naciones y de montones de cadáveres sacrificados a su ambición desmedida, a su crueldad sin límites.