Empieza a renacer el reinado de San Luis con la ayuda y bajo la protección divina.
Ensalcemos la bondad de Dios con cánticos de alabanza que resuenen sin cesar sobre la tierra.
¡Que todas las madres enseñen a sus hijos himnos de gloria y de ventura que ensalcen y glorifiquen la paz y la armonía!
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Desde luego se comprenderá que un hijo cuya sangre era la de madre semejante, y que además había estudiado en la historia de la antigua libertad, no fuera jamás partidario de Napoleón Bonaparte.
XC
9 de mayo de 1814.
Ha sido nombrado mi esposo miembro de una comisión que debe ser portadora de la adhesión del consejo general del departamento a los pies del trono; partieron el 28 de abril. Voy a salir inmediatamente para Lyón, pues quisiera estar allí para ver pasar a la señora duquesa de Orleans, que se dice vendrá dentro de pocos días.
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Este viaje no se efectuó, porque mi padre volvió de París después de haber visto los príncipes, a los cuales era y fue invariablemente adicto, pero sin alardear de ello. Se le ofrecieron grados y pensiones a los que tenía derecho y que fueron repartidos entre los oficiales que igual que él se habían separado de sus regimientos por no jurar lo contrario a lo que su conciencia les dictaba. Todo lo rehusó mi padre, pues decía que no quería gravar el estado de la nación cobrando un sueldo que en aquellos momentos no necesitaba, tanto más, cuanto la Francia se encontraba arruinada por el pago de tanta indemnización como los invasores exigían. Léese en el diario de mi madre su admiración vivamente expresada por el modesto y patriótico desinterés de mi padre. Pasadas estas agitaciones, vuelve a la soledad, donde únicamente goza su alma de completa tranquilidad.