9. La calle es del César,—en este país el César es el pueblo—y ya está dicho que hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios: luego Dios no tiene derecho de salir a la calle a mortificar al César invadiéndole su dominio.
10. Las fiestas carnavalescas no son precisamente reminiscencias paganas aunque mucho de pagano tengan: son grotescas y pornográficas invenciones de los cortesanos papalinos de la Roma teocrática.
11. La humanidad actual no necesita que le señalen tres días del año para ser bestialmente libre, después de haber sido los trescientos sesenta y dos días restantes bestialmente esclava.
12. El pueblo ha adquirido a través de los siglos, una moralidad media más alta, muchísimo más alta, que la de los señores cardenales y obispos católicos que le invitaban a la locura y al libertinaje dentro de los propios templos de Jesús.
13. Todo sacerdote ha sido siempre un mercader de las pasiones humanas: jamás ni su regulador ni su consolador.
14. La calle está hecha para que pasen por la calzada los carros, los coches, los tranvías, los automóviles, las bicicletas y los jinetes; y para que circulen por sus veredas, sin el mínimo obstáculo, todo los peatones, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, pobres y ricos, malos y buenos... ¡pero, para que circulen!
15. Los vecinos de una ciudad moderna, pueden recorrer colectivamente las vías de ésta, cada vez que así se les ocurra y hayan manifestado a la autoridad policial el objeto de su pasaje por la calzada; pero, nunca jamás, en la forma provocativa de una ostentación de ceremonias y símbolos que pueden ser ocasión de agresiones de hecho.
16. El que quiera misas, blancas, o negras, o rojas, o de cualquiera de los siete colores del prisma, que se las oficie en su casa; porque todas las misas son motivo de escándalo para los que no creen en ellas.
17. La calle es un sitio neutral, de tranquilidad y seguridad absolutas, de tanto respeto recíproco y de tanta templanza en el hacer y decir, como el salón más aristocrático, aunque así no les parezca a los fanáticos que, por lo mismo que lo son, no conciben otro derecho que el suyo propio, ni tienen otro hermano que el que piensa y obra como ellos.
18. El transeúnte que se ve precisado a descender a la calzada, porque un grupo de personas estacionado en la vereda le interrumpe estúpidamente el paso, sin una razón de orden público, como una revolución, un gran mitin político u obrero, un incendio, etc., ha sido extorsionado en un derecho establecido por la constitución y positivamente confirmado por las leyes.