38. Y fíjate que digo «en su casa»; porque todo hijo es dueño de casa en la casa de sus padres.

39. Él, no es un adorno porque no es ni un bufón ni un perro de lanas; y no es un estorbo, porque no es ni un intruso ni una excrecencia maligna.

40. Él, él mismo, es toda la razón de ser del hogar paterno; y sin él, aquel hogar es un prostíbulo legalizado por el registro civil y santificado por alguna iglesia.

41. He dicho, también, que un niño es un aprendiz de hombre útil, y ahora te digo que es un estudiante de hombre civilizado, de hombre digno de derechos y de deberes, de hombre capaz de sacrificio.

42. Todo lo que no concuerde con esto, es una imbecilidad propia de esos espíritus secundarios, que se refugian en el magisterio y en la literatura pedagógica.

43. De un aprendiz no se aguarda nada más que lo muy razonable, dada su edad, su endeblez, su falta de juicio, etc.; pero lo poco que se exige, se le exige y no se le suplica.

44. Un niño no debe desarrollar su naciente vidita lo mismo que un simple aficionado del arte de vivir que asistiera a su academia de vez en cuando, como todos los aficionados.

45. Está obligado a vivir la parte de vida que le toca, como un joven entusiasta que asiste diariamente, llueva o truene, a un gran taller, para convertirse con el tiempo en un eximio profesional.

46. De ésos que pasaron su niñez, o completamente abandonados o femeninamente mimados por sus padres, están llenas las cárceles y las oficinas públicas, que es como decir: están llenos los infiernos y el limbo; el último seno del dolor y el último seno de la nulidad.