Yo sé que hay una luz que no se apaga;
Yo sé que hay que llegar alguna vez...
Yo sé que están hechas una llaga
Las plantas de mis pies.

Guarda para tus Santos tus Edenes;
Guarda para tus vírgenes tu Amor;
Guárdate para Ti todos tus Bienes...
¡Valen mucho, Señor!

Me impusiste la cruz de un gran destino;
Me pusiste el afán de un Más Allá,
Y pusiste la Noche en mi camino...
¡No doy un paso más!

Aquí está mi pecado más funesto;
Aquí está, de mis lacras, la peor;
Aquí estoy ante Ti... ¡Ni un solo gesto!...
¡Págame mi dolor!

¿Qué te cuesta evitar las amarguras?
¿Qué te cuesta radiar toda tu luz?
¿Qué te cuesta dotar a tus criaturas
De tu misma salud?

¿Quién reduce tus fuerzas infinitas?
¿Quién te obliga a crear ni un pecho vil?
¿Quién te impone la ley de los jesuítas
Para llenar tu fin?

¿Dónde está tu potencia soberana?
¿Dónde están tus ejércitos del Bien?
¿Y dónde está la perfección humana,
Para tenerte fe?

Eras un viejo Buda milenario;
Eras un comodín y nada más;
Eras un espantajo innecesario...
¡Ya no habría otro igual!

Eras sin filiación, como un gitano;
Eras como un error que ya no es;
Eras un epigrama, un dicho vano...
¡Una sombra que fué!

Todos te maldecían, Iscariote,
Todos te declaraban maniquí,
Todos, ¡¡hasta tus propios sacerdotes
Se reían de ti!!