SÓLO DIOS

Yo sé que fieros, hambrientos,
dos ojos, en ti clavados,
siguiendo van tus cuidados,
miradas y movimientos.
Por más que sigan atentos
los giros de tu pasión,
podrá ser que la ocasión
sin aprovechar se queden...
¡Pues vigilarte no pueden
las telas del corazón!

Yo sé que una mano artera,
porque te olvides de mí
separaría de ti
cuanto en mi pensar te hiciera.
Su dueño, infeliz, espera,
que al suprimir mi visión,
logrará que tu pasión
desamparada se quede...
¡Pero robarte no puede
mi sombra del corazón!

Yo sé, que el labio de un hombre,
por tu amor capaz de todo,
recoge, a montones, lodo,
para volcarlo en mi nombre.
Me callo, sin que me asombre
la bajeza de su acción;
de su vil difamación
si queda rastro que quede...
¡Yo sé que manchar no puede
Mi nombre en tu corazón!

Y ojos, mano y labio impío,
apostados, en acecho,
para robarte del pecho
tu corazón todo mío,
lucharán en el vacío,
sin lograr su pretensión,
hasta que de mi pasión,
libertada por Dios quedes...
¡Porque ni tú misma puedes
mandar en tu corazón!