Ayer te ví... No estabas bajo el techo
de tu tranquilo hogar
ni doblando la frente arrodillada
delante del altar,
ni reclinando la gentil cabeza
sobre el augusto pecho maternal.
Te ví... Si ayer no te siguió mi sombra
en el aire, en el sol,
es que la maldición de los amantes
no la recibe Dios,
¡o acaso el que me roba tus caricias
tiene en el cielo más poder que yo!

Otros te digan palmas del desierto,
otros te llamen flor de la mañana,
otros queman incienso a tu hermosura,
yo te diré mi amada;
ellos buscan un pago a sus vigilias,
ellos compran tu amor con sus palabras
ellos son elocuentes porque esperan,
¡y yo no espero nada!
yo sé que la mujer es vanidosa
yo sé que la lisonja la desarma,
y yo sé que un esclavo de rodillas
más que todos alcanza...
Otros te digan palma del desierto
otros compren tu amor con sus palabras,
yo seré más audaz pero más noble,
¡yo te diré mi amada!


MI FE

Y tal vez por eso mismo
Restallante de lirismo,
Lo fatal y lo imposible
Me deleita contrariar y resolver;
Cual un ángel del Averno
Partidario del Eterno,
Que a los réprobos absortos
Predicase las bellezas del Edén;
Cual un punto de la esfera
Que ser punto no quisiera,
Y en las cumbres de los soles
Resolviese proclamar su rebelión;
Cual un ente miserable
Que soñando lo inefable,
Desde el fondo de la sombra
¡Suspirase por su cruz de redentor!

Y delante de la furia
Con que rueda tu cintura,
Como tropa de bisontes
Poseída del delirio de migrar,
Cual innúmera majada
Perseguida y azotada
Por las lluvias invernales,
Que la llevan sin saber a dónde va.
Como férvido torrente
Que a la faz de la pendiente
Se desploma fragoroso
Sin más ley que la maldita de caer:
Yo la brizna sin historia,
Vil sobrante, vil escoria,
¡Me levanto formidable,
Me propongo fulminar tu estolidez!

Si vacía, si pomposa,
Si ruín, si delictuosa,
Si maligna, si cobarde,
Si proterva, si bestial humanidad:
Por la faz arrebolada
Más abajo de la nada,
Más abajo, todavía,
Pues te voy a maldecir y apostrofar
Soy tu padre, tu poeta,
Tu maestro, tu profeta,
Tu señor indiscutible,
¡Tu verdugo sin entrañas y tu juez!
No me asustas: te domino,
Te someto, te fascino
Con la luz esplendorosa,
¡Con el hierro incandescente de la fe!


A LA LIBERTAD

Como del fondo mismo de los cielos
el sol eterno rutilante se alza,
como el seno turgente de una virgen
al fuego de la vida se dilata;
Así radiosa,
y así gallarda,
se levantó del mar donde yacía
la exuberante tierra americana.
Como prende su túnica de raso
con su joya mejor, la soberana,
como entre todas las estrellas reina
el lucero magnífico del alba;
Así pulida,
y así gallarda,
sobre todos los pueblos de su estirpe,
resplandor y joyel, ¡surge mi patria!
Como buscan la luz y el aire libre
las macilentas yerbas subterráneas,
como ruedan tenaces y tranquilas
al anchuroso piélago, las aguas;
Así sedienta,
y así pordiada,
la triste humanidad se precipita
al pie de la bandera azul y blanca.
¡Allí van congregándose a la sombra,
para formar después una montaña!
¡Allí van adhiriéndose en el tiempo
partícula a partícula las razas!
Allí se funde,
y allí se amasa
el hombre, tal como surgió en la mente
del autor de los orbes y las almas.
Que así pulida,
y así gallarda,
sobre todos los pueblos de su estirpe,
resplandor y joyel, ¡surgió mi patria!