(Balada medioeval)

I

Las róseas mejillas
De leche y frutillas;
Los ojos dormidos
Como dos cupidos;
La boquita breve
De púrpura en nieve;
Los pechos cual proras
Que van triunfadoras;
Las manos tan finas
Como manos chinas;
Y el talle tan noble
Como tierno roble;
Tras de la persiana
De una torre altiva
Yace pensativa
Gentil castellana.

II

Con el rostro yermo
Como un dios enfermo
Dos ojos sombríos
Como dos vacíos;
Destrozado el pecho
Como altar deshecho;
Doblados los hombros
Cual pétreos escombros;
La feroz espada
Torcida y mellada;
Cota y paramentos
Flojos y sangrientos;
Sin rumbo, sin noto
Como barco roto;
Por los pedregales
Cruza un caballero
Sollozando fiero
Como cien chacales.

III

Sudor, sangre y cieno
Del ijar al freno;
Revueltos los ojos
Nublados y rojos;
Los flancos hundidos
Latiendo afligidos;
Llenos de los trazos
De los espolazos;
Lanzando del cuello
Trémulo resuello;
Barriendo la tierra
Con su arnés de guerra;
Golpeando sin tino
La faz del camino;
Frente al minarete
La jaca cansada
Cayó fulminada
¡Matando al jinete!

IV

Tras de la persiana
Do la castellana
Yace pensativa
Como una cautiva,
Se oye un gran gemido,
¡Se oye un alarido!
Corren los arqueros
Con pasos ligeros;
Giran los soportes
Sobre sus resortes;
Bajan estridentes
Los ferrados puentes;
Y ella misma—¡ella!—
Toda blanca y bella,
Mujer y caudillo
Sale del castillo;
Pues la noble maga
Quiere decidida,
Salvar una vida,
Que tal vez se apaga.

V