¡Rodaron al mismo
Formidable abismo!
Venían de lejos
Ya tristes y viejos
¡Como dos difuntos
Que vagaran juntos!
Acaso sus vidas
Así confundidas,
Tuvieron dos nombres
Que honraron los hombres;
Y acaso no fueron
Porque no pudieron;
Pues no todos hieren
La cuerda que quieren.
¡Nada más que un jaco
Miserable y flaco;
Nada más que un huero
Sonar de matraca
Caballero y jaca,
¡Jaca y caballero!

VI

Cual ponto revuelto
Su cabello suelto;
Rígida la cara
Cual si no pensara;
Blanca como cera
Cual si no viviera;
Las manitas juntas
Como dos preguntas;
Erguidos los hombros
Como dos asombros;
Las cejas alzadas
Como dos arcadas;
Los ojos abiertos
Sobre aquellos muertos,
Y enhiesta con noble
Majestad de roble;
La bella, la ufana,
La gran castellana,
Trágica y hermosa
Dolorida y tierna
¡Parece la eterna
Máter dolorosa!


EPITALAMIO

En el casamiento de la hija de
Don Anacleto Domínguez.

I

Sólo vibra mi salterio
pensativas notas graves.
Yo no sé, como las aves,
«saludar al padre sol»;
Para mí la gran natura,
por su cielo y por su tierra
nada dice, nada encierra
que cautive mi emoción.

Por lo mismo—porque nunca
ni vacila, ni fracasa
y es eterna y solo pasa
por el riel de lo cabal—
no la tengo yo por sabia
como el sabio que la escruta:
Fuerza misma, fuerza bruta,
que no sabe adonde va.