Risd. Quiero que me digas de qué cimenterio ó soterraño has sacado esta semejanza de la suegra de Barrabás, que contigo viene.
Esc. Calla en mal hora, no digas tal, que si lo sabe será gran daño, que ésta sola basta á dar la medicina más conveniente á la peligrosa enfermedad de tu señor.
Risd. Pues dime, ¿es, por ventura, el espíritu de Galeno, que fuiste por él al otro mundo para este negocio?
Esc. Otra vez á doce, anda con nosotros, que presto sabrás de su venida, y quién sea, y no burles de quien te puede dañar, que muy fácil, por su arte, puede saber lo que della dixiste.
Risd. Ya, ya, á fe de gentil hombre, que sé ya todo el caso, que tú debes haber sacado del ciminterio del Cármen el cuerpo de Celestina, que este dia falleció, y como allí tan presto se consume y come la carne, no hallaste sino los huesos que traes contigo; digo esto, si fué verdad, que murió de la caida del andamio de su casa, y no se estuvo, como la otra vez, escondida tras el artesa.
Esc. Bien dicen que quien mucho habla pocas veces acierta; mas no sé qué de tí me piense, que así quieres con tus pesadas palabras en són de gran poder á tu señor quitarle el remedio que le viene. Por tanto, yo te ruego que tus palabras cesen y vayas á decir á Selvago cómo estamos aquí.
Risd. Agora, que yo iré, no tomes pasion con lo que burlando se dice. ¿Señor, señor? Escalion, el criado de Flerinardo, y una dueña, están allí fuera, que te quieren hablar, si les das licencia.
Selv. Di que entren, mal mirado, que yo dello primero te avisé.
Dol. ¡Oh mi hijo y buen señor! vos esteis muy en buen hora, en buena fe; mas decidme, yo os ruego, ¿qué enfermedad es la vuestra, que á tal hora teneis el aposento de los tales por morada?
Selv. Madre mia, tu venida sea para mí tan buena como la de Judit con la cabeza de Holoférnes á los afligidos ciudadanos; pídote que me perdones si no te fago el acatamiento á tu persona debido, pues mi poca salud es en ello la causa.