Dol. Dineros.
Selv. Pues quanto en eso no se perderá cosa, que hartos dineros hay.
Dol. Pues tuya es Isabela.
Selv. Mira lo que dices.
Dol. No creas que la vejez caduca el sentido me haya robado, como las otras esteriores potencias, que de cierto no es así, pues ella y la necesidad en gran manera le han limado y polido, á que fácilmente, por conjeturas en el principio, los fines ciertos y verdaderos inquira; por tanto callen barbas y hablen cartas, que es lo que más hace al caso, y verás quién es la vieja Dolosina, y cómo sus promesas no son falsas.
Selv. Risdeño, toma esta llave y sácame un portacartas que verás en aquel cofre.
Risd. Señor, vesle aquí.
Selv. Madre mia, toma estas cincuenta doblas en señal de que lo restante es tuyo, si verdaderas fueren en todo tus palabras.
Dol. Téngotelo en merced, señor, éstas, con las diez que ayer con Escalion me enviaste, que en el hacer de las mercedes has mirado el mucho valor de quien las da, y no el poco merecimiento de á quien se conceden.
Selv. Madre señora, mucho vales, y á más te soy obligado por tus agradables promesas.