Val. Es secreto.
Dol. Por mí no lo dexará de ser.
Val. Mi hija de leche, Isabela.
Dol. ¡Santo Dios, y qué oigo! pues decidme, hermana Valera, así hayais buena postrimería ¿quién es el galan?
Val. Selvago, si le conoces, se nombra.
Dol. ¿Es sueño lo que oigo? agora, pues, las partes me habeis dicho, decidme lo que pasa, que de vuestro provecho no me puede á mí pesar.
Val. Esa confianza tengo yo de vos, y por tanto os lo quiero decir. Habeis de saber que Isabela muere por este caballero, y descubriéndome á mí su secreto, le prometí que con un conjuro que en un su ceñidor pondria, la primera vez que mirase á Selvago le haria venir en su propósito; en fin de razones, ella me cargó de cosas de precio, que dixe ser apropiadas al conjuro, el qual le embié con una su criada, y yo voy agora con la priesa que veis, á ver lo que ha pasado.
Dol. Maravillas me habeis dicho; mas hágoos saber que yo ando en un negocio del mesmo Selvago con el hábito que veis.
Val. ¡Ay desventurada yo, y qué oigo!
Dol. Ántes bienaventurada, y comigo juntamente; que sabed que muere por Isabela.