A tu muy dulce Isabela.

Risd. En eso habias de parar, que es lo que más te duele; agora bien, quiero decirle á lo que vengo, no le tome la venida de su madre inopinadamente. ¿Señor, señor? dexa por agora tus elevamientos, mira que tu madre Funebra te viene á visitar.

Selv. Dame, pues, de vestir, Risdeño, no me halle á tal hora en la cama y barrunte algo de mi dolencia.

Risd. Donoso estás, por mi fe, con haberte ya llorado por muerto.

Selv. ¿Qué me dices? ¡cómo! ¿y mi mal le fué manifiesto?

Risd. Bien parece que todos tus sentidos tienes ocupados en la contemplacion de Isabela; pues ¿no te acuerdas de anoche quando con la venida de Flerinardo estuviste sin sentido?

Selv. Ya caigo en lo que dices, vé, pues, mira si saldré yo allí fuera.

Risd. No será menester, señor, que ya viene.

Selv. Pues iráste de aquí tú, que quiero comunicar con ella algunos secretos.

Fun. Mi hijo, en buena hora esteis, pláceme que os veo levantado y fuera del peligro de anoche.