Fler. Por mi fe, Risdeño, si fueras del tamaño de San Cristóbal, y tuvieras esfuerzo conforme al que con ese pequeño cuerpo demuestras, que tú solo tuvieras más aventajada fortaleza que todo el mundo junto.
Risd. ¿Cómo, señor, y tan á pocas hablas en mi gran valentía? Pues yo os aseguro que sin que San Cristóbal me prestase su cuerpo, osase entrar en campo sobre un caso de honra con quatro tales como vuestro criado Escalion, y áun pensaria de les llevar los despojos.
Selv. Desa manera á más te pones que el pastor de la Sagrada Escriptura, pues él, siendo de tu estatura, lo hubo con uno solo, y tú lo quieres haber con quatro.
Risd. Pues más digo que no los venceria yo con honda como ese que habés dicho.
Selv. ¿Pues cómo?
Risd. A puros torniscones y puntillazos.
Fler. Por mi vida, Risdeño, que si fueras en tiempo de los epimeos, á quien tú pareces, que dellos fueras en rey elegido, porque los defendieras de las grullas, que con ellos tienen batalla.
Selv. Agora cese esto para otro dia; gocemos de Carduel un poco, que me parece que va cantando adelante.
Fler. Por mi fe que no suena mal la voz del rapaz con el sosiego de la noche.
Car.