Selv. Dime, Carduel, ¿sabes dónde es nuestro camino?

Car. Muy bien, señor.

Selv. Pues véte un poco adelante, y avisarnos has de lo que pasáre, si hay ruido de gente, ó si está todo sosegado.

Car. Así lo haré, señor.

Selv. ¿Vienen esos mozos, Risdeño?

Risd. A la puerta están bien á punto, que Sagredo va hecho un relox, y sus compañeros de la misma manera.

Selv. Pues quédate tú si quieres á reposar, no recibas alguna afrenta si se nos recreciere algun peligro.

Risd. Señor, por no obedeceros en eso os pido que me perdoneis; ca sabed que con vos tengo de ir, y lo que de vos fuere será de mí, ni quiero que penseis que, aunque el cuerpo no es muy aventajado, que me faltará corazon para cualquier caso de afrenta, especialmente en vuestro servicio.

Selv. Téngotelo en merced, Risdeño, que si yo de tal manera te hablé, no fué porque de tu lealtad dubdase, mas porque me pesaria en estremo si á mi causa se te recreciese algun daño.

Risd. Siendo yo con vos no temeré cosa que venirme pueda, por tanto, comencemos nuestro camino, y cesen las palabras que traen poco fruto.