Selv. Pues llama esos mozos, y darnos has á nosotros dos cotas y dos rodelas.

Risd. Veslas aquí, señor, juntamente con otros dos montantes.

Selv. Vistámoslas, que si áun fuere temprano darémos una vuelta á la cibdad.

Fler. Alto, pues; mas dime, Risdeño, ¿ha vuelto Escalion de casa de Dolosina?

Risd. Señor, no; que debió de quedarse para escalentarla los piés.

Fler. ¡Oh hi de puta, mal mirado! pues que, ¿no sé lo dije yo que volviese luégo y me dixo que así lo haria? por mi vida, no hay más ley en éstos que en los tártaros; qué donoso chiste, que los ha el hombre de tener en las palmas de contino para aprovecharse dellos en una necesidad, y siendo venida hanse de salir afuera; pues yo juro, á fe de caballero, que no lo pierda Escalion de mí.

Selv. Señor Flerinardo, no es justo que por un enojo pequeño que dél os venga, que acaso no habrá sido más en su mano, olvides los servicios que hasta hoy os tiene hechos, quanto más que al presente no es necesario, pues bien tenemos quien nos acompañe.

Fler. Pues, señor, si os parece vamos luégo, no sea causa nuestra tardanza que lo ganado se pierda, que mejor y más justo es que nosotros esperemos, que no que Isabela nos aguarde.

Selv. Bien me parece, señor, así sea; tú, Risdeño, llama á Carduel, mi paje.

Risd. Señor, vesle aquí, mira qué le mandas.