Selv. En extremo parece bien; mas ya á lo que veo llegamos cerca, bien será detenernos aquí un poco miéntras el relox da la determinada hora.
Fler. Sea pues; mas si, señor, os parece, nosotros dos podemos llegarnos más á ver si hay muestras de algun sentimiento.
Selv. Sea así; mas decidme, señor Flerinardo, ¿no gustais del requiebro de mi paje? que, por mi fe, con razon aquí se puede decir para esas cruces, que este són no es de perder, porque segun me parece ya ha descubierto campo el rapaz, y enemigos con quien escaramuce y se dé de las astas.
Fler. Ora oigamos un poco, sabrémos algo de su secreto.
Cec. Por cierto, señor, no con ménos presteza salí forzada á gozar más por entero de vos, oyendo la sabrosa melodía de vuestro suave canto, que los agrestes latinos, al sonido de la temerosa furia, quando la venganza del herido ciervo de Silvia se tomaba.
Car. Con razon mi señora, habés apropiado mi ronca voz de cisne al terrible baladro de la infernal Alecto, pues tan semejantes son en especie; mas pídoos, mi señora, que no por eso la batalla que vuestra soberana hermosura de contino me hace en alguna manera se encruelezca, porque los soldados de mis congoxosos pensamientos del todo no sean rendidos, y por vuestra mucha crueldad, miserablemente muertos.
Fler. Por mi fe que no espunta necio el rapaz. ¿No habeis visto, señor Selvago, cómo cimentó tan maravillosamente su propósito de la comparacion de la dama?
Selv. Así me parece, mas oigamos la respuesta della.
Cec. Con más razon, mi señor, tengo yo de tener duelo de los soldados que de mi parte en la batalla, que habeis dicho, pelean, porque mirando ser vos caudillo de la parte contraria, y estando fortificado de persona de tanto valor, con armas defensivas de tantas gracias y gentilezas, ansimesmo las ofensivas de tan subidas razones y sentenciosas palabras como de contino les tirais, no pongo dubda sino que todos ellos, siendo vencidos, vuestra vitoriosa mano sobre ellos y mí quede triunfante y vencedora.
Selv. Por mi fe que se han igualmente juntado sus mercedes, que por bachillerejo que él sea, ella merece bien el grado de licenciada, pues tan sabiamente sabe difinir las proposiciones y argumentos por él puestos; mas ya me parece que dan las doce y nuestra hora se llega, bien será ponernos en el puesto.