Fler. Hora oid, señor, que ella se despide, veamos qué sea la causa.
Cec. Mi señor, grande afan llevo comigo por dexar tan presto, siéndome forzado, vuestra graciosa plática y dulce conversacion, mas para otro dia se quede; mi señora Isabela me encomendó que á esta hora la llamase para lo que vos bien sabeis, por tanto me dad licencia.
Car. Mi señora, si no tuviese esperanza en lo que dices, aquí fuera mi muerte, mas por esta causa me habré de sufrir, y en lo que decis que sé bien, digo que así es; porque sabed que mi señor es venido ó llega cerca, y yo á lo hacer saber me adelanté, por tanto ved qué se hará sobre ello.
Cec. Que, señor, le digais que se llegue luégo hácia aquella otra fenestra que allí parece, que así me lo encomendó mi señora.
Car. Pues, mi buena señora, yo voy, los ángeles queden en tu compañía.
Cec. Y contigo vayan, señor.
Selv. Ta, ta, por Dios, Carduel está gracioso, que con la criada de mi señora lo habia.
Fler. Agora no me maravillo de lo que á los dos he oido hablar, que como dicen, en casa del alboguera todos son albogueros; pues él en vos, y ella en su señora, tenian tales maestros.
Selv. Hora oigámonos, no sienta lo que sentido habemos.
Car. Mi señor Selvago, una criada de Isabela me dixo que debaxo de aquella fenestra tu ventura esperases.