Selv. Pues, señor Flerinardo, aquí podés hacerme la merced. Tú, Carduel, di á Risdeño, que allí baxo verás, que se venga contigo adonde el señor Flerinardo está, y que haga al un criado desos que se quede donde los dexamos, y al otro que se pase á la otra calleja, y que si á su salvo lo pudieren hacer, que defiendan la calle á los que vinieren, y si no, que hagan alguna seña.
Car. Señor, así se hará.
Selv. Mi señor Flerinardo, alguna buena rogativa os encomiendo, pues será necesario en este trance.
Fler. Andad, señor, que el ánimo me da que habeis de venir con más alegría que llevais cuidado; tened buen corazon, que todo lo demas es vano.
Selv. En cargo lo tengo; adios, hasta la vuelta.
Isab. Dime, Cecilia, ¿sabes si ha venido aquel caballero?
Cec. Señora, ahí está donde tú le mandaste.
Isab. Pues abre paso esa fenestra, y certifícate bien si es él.
Cec. ¿Quién es el que está abaxo?
Selv. El que sentencia de su vida ó muerte, afligido está esperando.