Cec. Llega, señora, no temas, que es él.

Isab. Véte, pues, tú un poco á dormir, no te enojes con mis prolixidades.

Cec. Ya voy, señora. Bueno va esto; á solas lo quiere haber. Dentro está el tordo de la gorrionera; mas á mí ¿qué me pena? donosa estaba yo si habia de ser la judía de Zaragoza, que llorando duelos ajenos cegó, quanto más que por mí y ella se podria decir: cállate y callemos, que sendas nos tenemos.

Isab. Dime, señor, ¿por mandado de quién eres ahí venido?

Selv. Mi señora, soylo por el de aquella que no sólo mi vida rige y gobierna, mas mi ánima tiene debaxo su dominio y mando sometida.

Isab. Pues y tú ¿qué sientes en eso?

Selv. Siento tanto, que mi sentido por sentillo mucho sin sentido queda.

Isab. Cierto que jamas vi tantas contrariedades en un ente ó cuerpo como tú agora has demostrado, si no fuese en aquella ficion que el humano entendimiento inventó, llamada Chimera, cuya compostura de cuerpo es semejante á la que en tus palabras has demostrado.

Selv. Así es, mi buena señora, como decis; que sabed que mi juicio, despues que de vuestra soberana vista fué tocado, en semejante ficion, que habés dicho, fué convertido; porque si esa Chimera tiene su cabeza de dragon, cuya propiedad es cubrir sus oidos á las palabras del encantador, porque dél no le venga daño, así mi sentido desecha toda audiencia al que de su intento apartarle procura, por el mal que se le seguiria en dexar de padecer por tal causa; y si otra parte en este animal fingido de doncella se muestra, que es el cuerpo, ansí mi entendimiento es de mujer, pues en ella, si tal se consiente decir, es convertido. Tiene ansimismo esta ficion los brazos de oso, cuya propiedad en ser desacordado se señala, ansí mi juicio por tenella en vos, de sí ninguna memoria tiene. Dásele tambien á este simulacro imposible lo alto de sus piernas, que tienen nombre de corvas ó muslos de leon, que sus pequeños hijuelos, naciendo muertos en vida trae; así mi sentido la muerte, que sin gozar de la vida que tengo, ántes poseie, con fuertes clamores hizo de sí apartar, y con nueva vida ennoblecer. Finalmente, las piernas y regimientos de este monstruo son de cabra, que por los riscos y peñas fragosas es hallada, sin temor de la muerte que de allí se le puede recrecer, pues ansimesmo mi entendimiento subido con sus pensamientos en la cumbre de tu soberano valor, con grave pena teme no ser precipitado y caido en triste muerte de desesperacion, la qual me está muy cierta si tu soberana piedad, ocurriendo al eminente peligro que se le ofrece, en alguna manera no diere de mano para que libremente dél libertarle pueda; y pues por tan particular, excelente señora, en lo que por tu causa soy convertido y por tí padezco, te ha sido declarado, pido á tu grande clemencia que con la brevedad necesaria en el presente lugar, donde por tu mandamiento soy venido, alguna forma de vida, que tal con razon pueda ser llamada, por tí se me declare, ó pronunciando la sentencia contra este afligido amador, á muerte precisa sea sentenciado, para que con ella gane lo que viviendo por tan perdido tiene.

Isab. Holgado he, noble caballero, con las razones últimas que por tí han sido pronunciadas, por causa que con ellas pides lo que yo deseo que entre nosotros se haya efectuado, que es con brevedad responder al intento que por tus razones me ha sido declarado; y por tanto oye atentamente lo que decir quiero, porque tú de la vanidad que contigo tienes, y yo de fatiga que con tus mensajes y palabras recibo, serémos libres. Bien he conocido de tí desde el primer dia que tuviste atrevimiento de me declarar tu propósito, que me amas, aunque con qué amor yo lo ignoro, porque si es bueno y á buen propósito enderezado, á mi padre, y no á mí, habeis de ir con semejantes mensajes, y si por el contrario es malo, mira si es justo que una doncella noble y generosa como yo, en su fama y honra tal mácula pusiese; y por tanto, pues, por estas breves razones que de mí has oido puedes colegir lo mucho que sobre el caso te pudiera demostrar, ruégote, por aquella nobleza que tu claro linaje en sí tiene, que no quieras más con tus muchas importunaciones el honor de una tal doncella como yo empecer, mas apartando de tí tan nefanda voluntad, ciegues el camino al mal apetito y le abras á la razon que claramente te demostrará quán provechosas y buenas sean mis palabras, y por el contrario, quán dañosos y malos tus deseos ilícitos.