Selv. Si pensára, cruel señora, que para del todo matarme, el presente favor de tí me venía, ántes la sentencia rigurosa en mí executára, que habiendo gozado de tan vana esperanza, al presente con más crecido tormento y pasion en mí sentilla; mas ¡ay de mí! que ni hay causa para que tal ay de mí se manifieste, pues la bienaventuranza que en este ay se me sigue, en ay de soberano gozo se convierte, que por bienaventurado me podria intitular si la vida que agora ó despues ha de pagar la deuda que debe, con pagarla á lo que tu soberano valor y fiel servicio es obligada, de tales dos deudas se viese libre para más la poner en la fama en morir por tal causa; mas si esto con brevedad ser pudiese, no por pequeña bienaventuranza lo tendria, mas ¡ay de mí! que por ser muy al contrario mi vida viviendo en muerte morirá, y mi fin desventurado sin serlo, con estarme de contino presente olvidado de su oficio y nombre, de mí teniendo fastidio, será para siempre apartado y dividido. ¡Oh mi muy verdadera señora, escesivamente pido á tu soberano valor, pues el modo de muerte y el quándo, que es luégo, por tí se me ha manifestado, el lugar á tal sacrificio perteneciente por tí se me declare, porque cumpliendo en todo tu mandamiento y querer, no sólo tú seas en ello satisfecha, mas áun mi muerte será gloriosa y su fin bienaventurado siendo en todo á tu querer obediente!

Isab. Cesen, cesen, ¡oh señor mio! tus injustas querellas, que si mis razones fueron bastantes á causallas, mi sentido no lo es en oillas, por el rabioso tormento que muestras á mi causa padecer, no solamente mi fuerza á que sus fuerzas sienta constriñe, mas áun recibiéndole por suyo enteramente con otro nuevo que en mí concibe, su sér me fuerza á sentir, y mi fuerza sin ella forzosamente en manifiesto peligro se ve puesta; por tanto, escusados qualesquier preámbulos y circunferencias, sabe, señor mio, si no lo sabes, que tuya soy y por tal me tengo y confieso; y si dices que por mí sufres grave pena, yo por tí rabioso tormento; y si por mi causa pierdes la vida, yo por la tuya paso dos mil muertes; y pues, señor, tan abiertamente mi voluntad has sabido, haz, ordena, manda á tu voluntad, que de mí (pues mi libertad señoreas) por entero serás obedecido; y si atento al entrañable amor que en tí tengo, con vínculo de matrimonio tuvieres por bien de recibir la tal posesion, aunque clandestinamente y sin licencia de mis padres, se haga, teniendo bien por entendido que, con limpio amor y igual grado soy de tí amada, posponiendo tu persona á todo peligro y afrenta que en este caso se pueda suceder, gloriosamente me gozáre, y lo contrario haciendo, no sólo no me pagarás el verdadero amor que me eres obligado, mas de mi muerte y fin miserable serás causa.

Selv. Ni mi persona por obra, ni mi sentido de palabra, ni áun mi entendimiento en imaginacion excelente, señora, será bastante á te dar las gracias por las soberanas mercedes que de tí al presente me vienen. ¡Oh bienaventurado yo, que habiendo mi vida visto el espantable barquero del oscuro rio Flegeton, siendo en el punto de la muerte, tan maravillosamente por quien era la causa soy en ella restaurado y vuelto! ¡Oh si fuese posible, mi señora, que lo mucho que mi ánimo siente, el cuerpo con alguna demostracion te lo pudiera representar! como creo que de lo hecho, no solo tendrias pena, mas en ser tanto de mí estimada soberanamente te gozarias, porque con palabras vanas exteriores, lo verdadero que en el interior siento no dañe con el velo del callar, quiero en todo satisfacer; solamente digo que con el amor y voluntad que las mercedes me prometeis, con esa las recibo, contándome por igual de los que de la eterna beatitud gozan, en que me hagais digno de vuestro soberano matrimonio; por tanto, ved, señora, cómo quieres que se ordene, que aparejado estoy, como siempre, para en todo cumplir vuestro mandamiento.

Isab. ¡Oh mi señor, bien tenía por mí que donde tanta virtud mora otra respuesta no se esperaba! por lo que, si os parece, la noche siguiente en esta mesma hora, trayendo vos aparejo, por las paredes del jardin, que desta otra parte parece, podréis entrar, donde algun buen órden en nuestros negocios se determine, porque más, sin ofensa de Dios, nuestros deseos se cumplan.

Selv. Mi señora, en soberana merced la que por vos me es prometida recibo, y como decis se cumplirá.

Isab. Mi señor, aunque bien contra mi voluntad, os pido licencia, porque allende de ser hora, para quitar la sospecha que se puede recrecer si alguno nos viese, es bien acordado.

Selv. Mi señora, si la pena que dello recibo no se templase en alguna manera con la gloria que tan presto conseguir espero, en manifiesto peligro sería mi vida puesta; mas considerando lo dicho al presente me habré de sufrir, y por tanto, vos, mi señora, la teneis y para á mí eso mesmo la dar.

Isab. Pues, señor mio, el Criador de todas las cosas os acompañe.

Selv. El mesmo quede con vos, mi señora. ¿Qué os parece, señor Flerinardo? ¿habeis oido algo de lo pasado? ¿puédome tener enteramente por dichoso?

Fler. Mi señor, muy bien lo he oido, y de cierto que entre los tales podeis ser contado, pues de tal persona en tan excesivo grado sois querido.