Selv. Así es como decis; mas, pues en esto no hay más que hacer, si os parece volvamos á la posada y reposarémos lo que de la noche queda; y siendo el dia venido, yo hablaré con mi señora Funebra sobre vuestro negocio, porque enteramente seais alegre, quedando los desposorios públicos para cuando los mios se celebren.
Fler. Señor, téngoos en merced, que, con vuestra mucha alegría, de mí no habeis perdido memoria.
Selv. Esa causa la pone más en mí, que, pues vos en mi pena habeis sido participante, justo es que en la gloria y descanso seamos ansimesmo conformes, y pues ya dentro en la posada estamos, bien será entrar á nuestro albergue; vosotros, criados, íos á dormir, que no pondré en olvido el buen servicio que esta noche de vosotros he recebido; ruégoos que en ello tengais el secreto que conviene y la calidad del hecho demanda.
CENA PRIMERA DEL QUINTO ACTO.
En que Escalion concierta con Sagredo y Rubino, los criados de Selvago, un convite en casa de Dolosina. Venida la hora, y sentándose á comer, llega Risdeño á la puerta con un dón para la vieja. Entrando comen todos juntos, pasando entre ellos graciosas cosas. Acabada la comida dales nuevas del desposorio de Flerinardo ser ya concertado, con que muy gozosos él á su posada se vuelve, quedando los otros en casa de la vieja con sus criadas. Introdúcense:
ESCALION. — SAGREDO. — RUBINO. — DOLOSINA. — VALERA. — CLAUDIA. — LELIA. — LIBINA. — RISDEÑO.
Esc. Aun ¿qué sería si esta noche hobiesen despachado á mis amos, enviándolos, como dice el refran, con cartas al purgatorio? que por mi fe á mala señal tengo haber tan presto Isabela vencídose, y concedido en el negocio. ¿No fuese ántes alguna guadramaña para cogellos á todos juntos como en gorrionera, donde paguen hecho y por hacer? Agora sea, que yo no lo estimo en dos quartos, pues en salvo está el que repica; y si nos faltase señor, pan comen en las Italias. Por mi vida, pues, que estaba donoso Flerinardo en avisarme que diese presto la vuelta; ¿pensábase el necio que estoy harto de vida? pues engáñase cierto, que más agora que nunca quiero gozar de mi mundico, pues es mi tiempo, y no que fuera donde, por ventura, en llegando nos dieran caperuza, ó nos enviáran cargados de leña; una fuí al baño, y ésa con daño. Este otro dia salieron todos los compañeros, y áun tuve la muerte á los ojos, que á pocas me pudieran engastonar en lienzo, y enviarme á poblar el pradillo de San Agustin, y ¿habia de tornar al juego? pues á fe mia que se engañan en más de la mitad del justo precio, que desde entónces firmé en mí de nunca más perro al molino, porque cantarillo que muchas veces va á la fuente, ó dexa el asa ó la frente. ¿Mas qué digo? ¿no son éstos Rubino y Sagredo, los criados de Selvago? Ellos son, cierto, quiéroles hablar sobre qué mundo corre, y si han ellos sido en la escaramuza, y andan descarriados por aquí. ¡Oh, señores! Y ¿dónde por estos barrios?
Sag. Señor Escalion, están Selvago y Flerinardo en consulta sobre ciertos negocios, y nosotros venímonos á dar una gateada por aquí á buscar quien bien nos haga.
Esc. ¡Oh, pese al mundo, y cómo he sido engañado, que tan á su salvo salieron del juego! Pues, señores, ¿sabeis si Flerinardo ha preguntado por mí?