Rub. Creemos que no, porque los dos no han salido de un aposento.

Esc. ¿Pues no me decis cómo os fué esta noche? que yo he estado el más afligido hombre del mundo, que me quisiera hallar en ello, sino que Dolosina jamas me dió ese lugar, que, como su marido Hetorino está fuera del pueblo, ella no quiere dexar su casa á humo de pajas, por temor no la roben; y áun tambien os digo que me tiene hoy allá convidado.

Sag. En lo que desta noche preguntais, sabed que nos fué muy bien; mas decidnos, señor Escalion, ¿qué gente tiene en su casa Dolosina? porque os hago saber que Rubino y yo deseamos ser sus parrochianos, con apercibimiento que acudirémos bien con las obladas.

Esc. Sabed, señores, que tiene tres mozas de gentil parecer, de las cuales una, llamada Libina, tengo yo; mas si vosotros quereis, yo seré parte á que con las otras privásedes vosotros, mas hágoos saber que ha de bullir pecunia.

Rub. Ántes nos haréis la mayor merced del mundo, que en eso no faltará.

Esc. Pues sea de esta manera: esperadme aquí miéntras voy á la hablar en ello, y si puedo, negociaré con ella en que hoy comamos todos juntos.

Rub. A tiempo vendria, que á fe mia dos pavos y quatro gallinas he cantusado de la despensa, de ántes de ayer acá, con intento que el domingo nos diéramos una holgadura en la huerta del Rey; por tanto id, que aquí os esperamos.

Esc. Pues adios hasta la vuelta. A fe como guante al pié me viene esto, porque cuidoso andaba por llevar algo de mi parte á la mesa de Dolosina, que parece mal, quando el convidador es de ménos cuantía que el convidado, entrarse las manos en el seno á sentarse á la mesa. A la puerta veo á Dolosina, quiero dalle el mensaje. Madre señora, ¿qué haces pensativa aquí?

Dol. Mi fe, hijo, pienso cómo salir de vergüenza contigo y con un ama de Isabela que tengo convidada, aunque por tí no me daria tanto, pues como en tu casa estás; pero dáseme de la otra, que yo no tengo tanta posibilidad como su persona merece.

Esc. Pues, madre, un buen remedio te daré si recebirle quieres, el qual es que los dos criados de Selvago, Sagredo y Rubino, por oidas, de Claudia y Lelia, tus doncellas (perdóneme Dios si peco), andan en alguna manera enamorados, y si tú les das licencia que vengan hoy á comer contigo, ellos proveerán tu mesa de manera que muy á tu honra cumplas con quien has dicho; y no te pese dello, que mozos son que lo que por ellos hicieres te sabrán agradecer y gratificar.